jueves, agosto 11

EL PARQUE ARRIETA DE PEÑALOLEN

  

"Don Luís Arrieta Cañas, en el ocaso de su vida, ha decidido vender su hermosa mansión de Peñalolén y con ello ha puesto punto final a una larga tradición de cultura y belleza", expondrá el diario El Mercurio en 1954. 

Es que el cierre de este parque en los faldeos de la cordillera de Los Andes suponía no sólo el traslado de una familia, sino que significaba el término de uno de los últimos espacios de la intelectualidad chilena, donde la música fue protagonista por al menos 150 años.
El Parque Arrieta hoy aun se alza en lo alto de nuestra ciudad, resguardando espejos de agua, piletas, esculturas, centenarios árboles y una espectacular mansión campestre que guarda entre sus muros pasajes trascendentales que configuraron el Chile actual. 
Acompáñennos a conocer su historia... 








Fueron comunidades sedentarias de origen picunche las que poblaron las escarpadas laderas de este sector de la cordillera de Los Andes, denominando el lugar como Peñalolen, que en vocablo mapudungún podría traducirse como "Reunión de Hermanos". Con la llegada de los españoles estos terrenos pasaron a ser propiedad de insignes hombres de gobierno, siendo el marino genovés Juan Bautista Pastene el primero en ocupar y forestar este árido territorio. Años después, el jesuita Alonso de Ovalle traspasará la Hacienda Peñalolén a su congregación, quienes la mantienen hasta 1767, año en que son expulsados de todo territorio español. En ese momento la familia Vicuña adquiere la propiedad, traspasándola más tarde en 1822, al conocido jurista y escritor Juan Egaña Risco, casado con Victoria Fabres.

Miniatura de Mariano Egaña, c. 1825. Colección MHN
La familia Egaña Fabres, siguiendo las corrientes románticas europeas, idean la conformación de un enorme parque, cuyo punto central fuera la existente casa patronal de planta rectangular, de un sólo nivel y que tenía en su frente amplios corredores. Aprovechando la estadía en Europa de su hijo el abogado Mariano Egaña, encarga una serie de esculturas de mármol, réplicas de célebres piezas del arte grecorromano como Diana la Cazadora y Apolo. Además se preocupa de continuar el trabajo de forestación del árido cerro, así como de delinear el nuevo parque, que estaría dividido en dos jardines: el primero de estilo inglés con grandes y tupidos árboles; y el segundo, de clara influencia italiana, mucho más geométrico en su concepción, que incorporó además una serie de estructuras ornamentales y un deslumbrante juego de fuentes de agua. La mayor innovación estaba representada en el aprovechamiento de las aguas de la quebrada, que eran encausadas y gracias a la pendiente del terreno, lograban llenar todas las fuentes, e impulsar grandes chorros de agua que salían con mucha presión. El fundo fue bautizado entonces como “Quinta Las Delicias”, casa de verano de la familia, y sitio predilecto para la reunión de las amistades de los Egaña, compuesta en su mayoría por buena parte de la intelectualidad chilena de principios del siglo XIX.
En la casa patronal, Juan Egaña y su hijo Mariano, formaron una enorme biblioteca compuesta por manuscritos y libros que sumaban más de diez mil volúmenes; los que más tarde pasarían a formar parte de la Biblioteca Nacional de Chile. En el escritorio de la casa Juan Egaña redactó la Constitución Moralista de 1823 y también hará su parte su hijo Mariano, quien esbozará aquí la recordada constitución de 1833. Por si fuera poco, el el humanista venezolano Andrés Bello, quien era asiduo visitante, redactará entre los peumos y palmeras centenarias parte de nuestro Código Civil. Las bondades de este parque  son mencionadas por la cronista inglesa Maria Graham, quien comentará lo agradable del camino, rodeado de trigales y olivos, hasta llegar a la casa que consideró algo pequeña pero ideal para pasar una breve estadía de verano. Lo que más le llamó la atención era la altura de la residencia, donde su dueño podía disponer constantemente de nieve para refrescar las bebidas. La magia de Peñalolén fue capturada por el pintor italiano Alessandro Ciccarelli quien nos entregó la más emblemática de sus postales: "Vista de Santiago desde Peñalolén" en 1853; también el pintor chileno Antonio Smith inmortalizará el lugar en su "Santiago desde Peñalolén" de 1874.
"Vista de Santiago desde Peñalolén", óleo de Alessandro Ciccarelli, fundador de la Academia de Pintura. 1853. Colección Particular.

Mercedes Cañas y José Arrieta, c. 1870. Estudio Garreaud
En 1844 llega a Chile desde Uruguay, José Arrieta y Perera, hijo de Simón Arrieta Carrasco e Inés Perera Hernández, y nieto paterno de María del Carmen Carrasco, pariente del prócer uruguayo José Gervasio Artigas. Tras sus estudios en el Instituto Nacional, se dedicó a las leyes trabajando en diversas instituciones bancarias, siendo fundador del Banco Sudamericano de Valparaíso, el Banco Garantizador de Valores de Santiago, y de la institución de ahorro El porvenir de las Familias. Participó también a pedido del intendente Benjamín Vicuña Mackenna, en la reforma del método de contabilidad municipal de Santiago, que no había sido alterado desde la época colonial. Gracias a su esfuerzo alcanzó a formar una enorme fortuna, la no dudó en compartir con los más necesitados, colaborando con instituciones de beneficencia, la mayoría de las veces en forma anónima.
Fue nombrado en 1859 como Ministro Plenipotenciario de Uruguay en Chile, mismo año en que se casa con la chilena María Mercedes Cañas Calvo, con quien tuvo cuatro hijos: Inés quien contrajo matrimonio con Javier Ángel Figueroa Larraín (hermanos del Presidente), Mercedes quien murió poco después de su matrimonio con Roberto Huneeus Gana (hermano del político Antonio Huneeus y tío de la escritora Marcela Paz); José, casado con María Luisa Santiago Concha; y Luís, marido de Rosa Pereira. El matrimonio Arrieta Cañas encargó una mansión frente al teatro municipal de Santiago en la esquina de calles Agustinas y San Antonio, diseñada por el arquitecto Manuel Aldunate. Desafortunadamente, esta propiedad, fue arrasada por las llamas poco tiempo después de su inauguración, lo que generó "un verdadero pavor a las chimeneas en don José Arrieta, quien prohibió su uso en sus casas para evitar similares consecuencias", como nos comenta su bisnieto Santiago Marín Arrieta. Para erigir su nueva mansión eligió en 1875 al arquitecto francés Paul Lathoud, autor entre otras construcciones, del Palacio de la Exposición de la Quinta Normal, el palacio Cousiño Goyenechea y el palacio de Eugenio Ossa. La fachada de la nueva propiedad estaba decorada por bandas de mosaicos, y una serie de medallones, de los que hoy sólo se conservan tres en el frontis del Teatro Municipal. El interior del palacio fue descrito como versallesco, un hall con pavimento de mayólica italiana distribuía grandes salones donde se comenzó a forjar una tradición cultural completamente novedosa en ese entonces. Las tertulias de los Arrieta Cañas empezaron a llamar la atención al reunir a notables personajes de la política, la intelectualidad y por sobretodo del mundo artístico, donde los músicos más prominentes de la escena nacional pasaban por su proscenio. Arrieta era un promotor de las artes plásticas, de las letras, de la música y también un hombre recto, respetado por sus conocimientos y por siempre velar por la armonía y el entendimiento entre los bloques políticos. No fueron pocas las desaveniencias que se resolvieron gracias a la intervención de Arrieta, incluso el Presidente José Manuel Balmaceda pidió en su testamento político, que tras su muerte fuera José Arrieta el encargado de atender sus funerales, pues era un hombre bueno. En el mausoleo familiar, arriesgando su vida y la seguridad de su familia, logró ocultar el cadáver del Presidente para salvaguardarlo de las masas enardecidas. Su importancia fue reconocida al ser designado como Decano del Cuerpo Diplomático y Consular de la República de Chile; y años más tarde cuando cedió su cargo al nuevo ministro uruguayo Dionisio Ramos Montero, el gobierno lo honró nombrándolo Ministro Plenipotenciario ad honorem y ad perpetuam.
El palacio Arrieta Cañas en la calle Agustinas esquina San Antonio, fue edificado según planos del arquitecto Paul Lathoud. Posteriormente es adquirido por la Sociedad Club Hípico que instaló su centro social. Desafortunadamente en los años 50 terminó demolido. Postal fotográfica, c. 1945. Colección familia Marín Arrieta.
             
 "Laura de Sado", "Francisco Pretrarcha" y "Alberti Dureri"  son los tres medallones que se conservan hoy en el frontis de Teatro Municipal. Fueron encargados a A. Frémiot de Lyon, y ornamentaron la fachada del palacio Arrieta. Fotografía Fernando Imas, 2015. Archivo Patrimonial Brügmann.

En 1870 la Hacienda Peñalolén es puesta a la venta por Margarita Egaña Zuazagoitía. Parece ser que el idílico paisaje precordillerano cautivó al Ministro uruguayo, quien junto a su mujer, deciden adquirir la propiedad ese mismo año, iniciando una serie de transformaciones al parque y la casa principal. Según nuestras investigaciones, parece ser Paul Lathoud el encargado de remodelar la mansión de Peñalolén: la antigua planta rectangular se amplía dándole forma de L, se levantan un segundo y tercer nivel y para la techumbre se opta por disponer altas mansardas finamente ornamentadas y rematadas por agujas. A la casa se accede por una terraza elevada circundada por una extensa balaustrada con cráteras de mármol, hierro y esculturas, entre ellas dos perros recostados y dos fantásticas reproducciones en bronce de El rapto de Proserpina. 
Fachada de la Casa Arrieta. c. 1920. Gentileza familia Marín Arrieta.
El centro de la fachada se adelanta formando un bay-window donde se dispone la puerta principal; tras ella se abre un enorme hall que atraviesa la casa, permitiendo conectar el jardín posterior de corte italiano y el anterior, de estilo inglés. El vestíbulo es amplio e iluminado, posee enmaderados a media altura, molduras ornamentales, columnas de madera, grandes puertas con vidrios de colores y una espectacular escalera imperial de roble americano que conecta con el segundo nivel. Originalmente este espacio estaba entelado, y presentaba un conjunto de muebles de estilo neogótico adquiridos en Francia, así como también una lámpara comprada en el remate de Las Tullerías. Hacia el norte existen tres salas: un pequeño recibidor con molduras ornamentales, y el Salón Principal, donde destaca su cielo artesonado, el enmaderado a media altura y las ventanas con decorativas rejas de fierro. Este lugar albergó dos grandes retratos encargados en París y dos bustos de mármol de los dueños de casa, así como también valiosos muebles. Contigua a este espacio se abre la Capilla, con un altillo para el coro y un altar, iluminado directamente por una ventana de corte gótico. La habitación está decorada por pilastras de madera, el cielo presenta un sencillo artesonado, y aun conserva los candelabros, pedestales, una virgen de mármol y las banquetas originales que presenciaron tantas ceremonias de la familia.
Hacia el sur se presentan otras tres salas: A través de un pequeño recibidor de planta cuadrada se accede al Gran Comedor, sin duda alguna, el espacio dentro de la mansión que acapara más miradas. Su decoración se acerca al estilo gótico, y es muy similar a la que presentaba la Biblioteca de la antigua Mansión Ossa en Alameda con Dieciocho, también obra de Paul Lathoud. Los muros de la sala de Peñalolén presentan paneles tallados, las puertas tienen coronaciones apuntadas, con ornamentos goticistas, donde sobresalen además los gruesos herrajes. El cielo tiene grandes vigas y en cada esquina de la sala se dispusieron estanterías con puertas vidriadas, que originalmente eran coronadas por pequeños bustos. Una enorme ventana ilumina la sala, que en época de la familia Arrieta estaba también entelada con brocato color bordeaux. Las mesas, sillas y muebles seguían el estilo de la sala, y eran destacables los conjuntos de platería, porcelana y vajillas con el monograma M.M.C. de A., María Mercedes Cañas de Arrieta.

Hall del palacio Arrieta Cañas de Peñalolén. Fotografía c. 1925. Archivo Patrimonial Brügmann, donación familia Marín Arrieta.
          
Esculturas decorativas en la terreza del palacio Arrieta. - Busto de María Mercedes Cañas de Arrieta - Fachada posterior del palacio Arrieta, y el jardín italiano. Fotografías c. 1925. Archivo patrimonial Brügmann, donación familia Marín Arrieta.
Almuerzo presidido por José Arrieta en el comedor de su palacio de Peñalolén. Fotografía c. 1910, Archivo Patrimonial Brügmann, donación familia Marín Arrieta.

Contiguo a esta habitación se encuentra el salón de música, un rincón que aun conserva los llamativos paneles de madera tallados, la decoración del cielo y sus puertas que miran al jardín. En este lugar se reunieron notables personajes de la música, y se dice que fue escenario de los primeros conciertos de cámara de nuestro país. Junto a los muebles de estilo imperio dispuestos originalmente en la sala, era posible apreciar un antiguo piano que habría pertenecido al prócer chileno Bernardo O'Higgins; esta pieza hoy está resguardada en el Museo de Colchagua, administrado por la Fundación Cardoen. Por una puerta falsa se podía acceder a la Biblioteca y Sala de Armas, ubicada en el pabellón oriental. Esta sala con pavimento de mármol albergó una numerosa biblioteca, con antiguos libros, manuscritos y valiosas partituras de música, además de la colección de armas familiar. Desafortunadamente esta ala del palacio fue demolida completamente en la década de 1960, conservándose sólo hoy sus cimientos y algunas baldosas, entre la hiedra del antiguo parque.
Aspecto de la sala de música hacia 1920, que albergó en su momento tres pianos; incluido la piana de O'Higgins que es posible apreciar al fondo en esta imagen. Archivo Patrimonial Brügmann, donación Familia Marín Arrieta.

La isla central de la laguna del parque, a la que se llegaba por bote y se podía descansar en un pequeño pabellón de estilo inglés. Esta laguna desafortunadamente debió ser drenada a principios del 1900, por las continuas filtraciones. Fotografía c. 1885. Archivo Patrimonial Brügmann. Donación familia Marín Arrieta.
Una sorprendente imagen del aspecto de la laguna del Parque Arrieta, en la década de 1920. Revista Zig Zag.

El parque de la hacienda siguió las transformaciones propuestas por José Arrieta, quien centró su atención en modernizar el sistema hidráulico de los juegos de agua, construyendo algunas estructuras para mejorar la canalización y distribución de las aguas de la quebrada. Diseño también senderos, plantó nuevos árboles, delineó jardines circundados por boj, y encargó nuevas esculturas y diversos objetos decorativos.
El jardín que antecede a la casa, -de inspiración inglesa- fue reformado construyendo una vasta laguna artificial con una pequeña isla en el centro donde se levantó un pabellón inglés. En un rincón de la laguna se dispuso un águila de metal que servía como surtidor, lanzando a varios metros de altura el agua que llegaba desde lo alto de la quebrada. A principios del siglo XX esta extensa laguna debió ser drenada por las continuas filtraciones y desmoronamientos de terreno, siendo reemplazada por el estanque circular que se puede aun apreciar hoy en el parque.
Se abren también nuevos caminos que conducen a la casa, se levantan plintos para acoger las nuevas esculturas, y se delinean pequeñas zonas de flores circundadas por arbustos de boj.
El jardín italiano a fines del siglo 19. Archivo patrimonial Brügmann
Es sin embargo, el jardín posterior -de corte italiano- el que sufre las mayores transformaciones. La pileta central -con forma de zig zag- es remodelada construyendo dos escaleras paralelas que dejaban en su centro una serie de plataformas con estanques y jardines, desde donde caía el agua en forma de cascada hacia una piscina rectangular circundada por rejas de fierro y en cuyo centro se dispuso una figura del Fauno. En lo alto de estas terrazas escalonadas y dando un marco escenográfico que recordaba la vieja Roma, se encontraba un curioso templete de inspiración clásica, custodiado por leones de mármol, jarrones y las esculturas Apolo y Diana La Cazadora, que habían sido traídas por la familia Egaña desde Europa. Tras el templete se iniciaba un largo camino entre pérgolas rodeadas de esculturas que desembocaba en el Patio pompeyano: una fantástica construcción de planta octogonal decorada con coloridos frescos inspirados en los de la antigua Roma, ornamentado además por jarrones y esculturas, y una fuente de agua en el centro. Era quizás uno de los espacios más sorprendentes de Chile. 
Al fondo del patio, una escalera protegida por leones llegaba a un aljibe delimitado por barandas de madera, que concentraba el agua que se distribuía por el parque. Los grandes árboles dejaban ver un largo camino que llegaba a lo alto de la colina, donde se ubicó una estructura conocida como La Fuente del Cóndor, pues era coronada por una escultura de esta ave nacional desde la que caía el agua como cascada hasta una piscina con rostros de leones. Era esta la primera plataforma de caída de agua del parque, pues llegaba directamente desde un acueducto de ladrillo, y que aun es apreciable entre los arbustos y maleza. A un costado de esta estructura se puede ver una reja de fierro con pilares de ladrillo, que servía de acceso a La Quebrada, mediante un camino que la familia Arrieta mantenía abierto para todo aquel que quisiera aventurarse en lo alto de la cordillera, para alcanzar un refugio llamado La Casa de Piedra de Peñalolén, o llegar hasta lo alto del sector El Abanico, desde donde se tenía un inmejorable panorama de Santiago.
El patio pompeyano del Parque Arrieta fue quizás uno de los espacios más espectaculares que hubo en Chile. Desafortunadamente no fue conservado, y con el paso de los años su silueta se desvaneció. Fotografía c. 1900, Archivo Patrimonial Brügmann, donación familia Marín Arrieta.
Aspecto actual del patio pompeyano, hoy despojado de sus frescos y esculturas. Urge la necesidad de generar una instancia de recuperación. Fotografía Fernando Imas, 2014. Archivo patrimonial Brügmann.

 
 La fuente del cóndor en su estado actual y cómo lucía en la década de 1920. Archivo Patrimonial Brügmann


La familia no escatimó en gastos a la hora de decorar su paradisíaco rincón de Santiago, formaron un interesante muestrario artístico, que acompañado del intenso quehacer intelectual, dieron carácter y valor a esta extensa propiedad. La mansión fue alhajada con gran lujo, muebles importados, incluso algunos adquiridos en un remate en Versailles. El parque y las terrazas poseían una enorme cantidad de piezas ornamentales, numerosas esculturas de mármol, fierro o bronce, réplicas de obras europeas, como La Venus de Milo, Diana la cazadora, Apolo de Belvedere, Fauno, un Torso de Hércules, la Venus de Médici, Baco, Hebe de Cánova, Mercurio en Reposo, la Justicia, la República, Fauno inclinado en un árbol, el Rapto de Proserpina, el Aristeo; y numerosos otros elementos como águilas, leones, perros, querubines, jarrones de mármol y fierro, cráteras, columnas y hasta un reloj de sol. Lamentablemente con los años este invaluable patrimonio artístico se perdió, de la enorme cantidad de esculturas, hoy existen sólo 8 en el parque, y de los otros elementos, se mantiene una cifra muy inferior.
Diana la Cazadora, una de las esculturas traídas por la familia Egaña y que aun se conserva en el Parque Arrieta de Peñalolen. Fotografía Fernando Imas, 2014. Archivo Patrimonial Brügmann.
  Esculturas de hierro, bronce y mármol como El Fauno, Leones, la Venus de Milo, Mercurio en reposo, Querubines y la Hebe de Cánova eran algunas de las piezas ornamentales del Parque Arrieta; hoy de estas imágenes sólo existen los querubines de la pileta del jardín italiano, restaurados por la Universidad Sek en los años 90. Fotografías c. 1935. Archivo Patrimonial Brügmann.

A principios del siglo XX, Luís Arrieta Cañas compra a sus padres parte importante de la Hacienda Peñalolén. Tras haber cursado la carrera de Ingeniero Agrícola en Bélgica y Francia, vuelve a Chile para estudiar leyes titulándose de abogado en la Universidad de Chile. Su figura destacó entre los jóvenes de la época por sus conocimientos filosóficos y por sobretodo por su afición a la música, arte que seguramente empapó su mente desde la niñez gracias a la influencia de sus padres; pero que el perfeccionó hasta convertirse en uno de los mayores expertos en Chile. Escribió libros relativos a este tema, era miembro del Conservatorio Nacional de Música e inauguró en 1889 las Jornadas Musicales de Peñalolén, el espacio de difusión musical más importante del país donde se reunieron destacados personajes que el mismo recordó en 1954 -año de la venta de su hacienda- en un extenso libro con los nombres de asistentes, aficionados y ejecutantes que concurrieron a sus tertulias. A Luis Arrieta se le atribuye también el haber traído la música de Richard Wagner a Chile, tarea difícil en su momento, pues el público chileno no estaba acostumbrado a la severidad y dramatismo de este compositor alemán.
Luis Arrieta Cañas, c. 1910. Fotografía Kindermann.
Paralela a esta afición musical, Luís Arrieta tenía al igual que su padre, una profunda vocación por el servicio público. Entre 1900 y 1912 se convirtió en el sexto Alcalde de la comuna de Ñuñoa (circunscripción donde en ese momento se ubicaba su hacienda), a él se le debe la creación de jardines, la postura de árboles en las grandes avenidas y el trazado de calles. Pero su obra más recordada es la materialización del sueño de José Arrieta, quien en 1910 decide donar una importante suma para la creación de una fundación que llevara su nombre destinada a ayudar a los más necesitados de Ñuñoa. Se crea entonces la Fundación Arrieta que tuvo su epicentro en un edificio que fue conocido popularmente como el Teatro-Circo Peñalolén, que aun subsiste en la esquina de Avenida Ossa con Los Orientales. La construcción de este inmueble significó la apertura de un verdadero centro social de beneficencia, único en el país, donde se entregaba a los vecinos ayuda médica y dental, guardería infantil, servicio de carros mortuorios y ambulancia; una cancha de ejercicios atléticos, una escuela gratuita, sala de conferencias y un moderno teatro donde se programaban obras musicales y dramáticas de excelente calidad. Mención aparte merece el edificio, de severo estilo industrial con algunos guiños del neoclásico, resguardado por dos grandes leones -atribuídos al escultor catalán Foliá- y cuya cubierta representó toda una novedad en la época, pues estaba diseñada bajo una estructura de lamelas, usando el método Zollinger, con exponentes muy escasos hoy en todo el mundo. Este centro social fue frecuentado por diversos personajes, entre ellos el Presidente Arturo Alessandri, que lo visitó en 1920.
Luis Arrieta se compromete con Rosa Pereira Guerrero, con quien viaja a Paris recién casados donde viven en la Rue Souflott 20, muy cerca del Panteón y de los Jardines de Luxemburgo. Ahí nacen la mayoria de sus hijos, que serán doce: Gonzalo, Rodrigo, Ramiro, Álvaro, Laín, Vasco, Ibán, Hernán, Jaime, Ximena, Soledad y Mercedes.

El Presidente Arturo Alessandri y oficiales frente al edificio de la Fundación Arrieta, c. 1920. Archivo Patrimonial Brügmann.
Grupo en la laguna del parque Arrieta. Fotografía c. 1935, Archivo Patrimonial Brügmann, donación Familia Marín Arrieta.

Rosa Pereira Guerrero de Arrieta
Cuando José Arrieta muere en 1911 en su chalet de Miramar, el gobierno chileno le rinde honores de estado en sus funerales. Su hijo Luís vive un tiempo en Valparaíso, y en la década de 1920 se traslada definitivamente a vivir a Peñalolén junto a su familia. Las tertulias semanales se hicieron más concurridas a medida que los hijos crecían, a los ya viejos amigos como el compositor Enrique Soro, la escritora Inés Echeverría de Larraín, el doctor Emilio Aldunate, la pianista Rosita Renard, la escritora Mariana Cox de Stuven, la fundadora del Club de Señoras Delia Matte de Izquierdo, la escultora Enriqueta Petit, Manuel Barros Borgoño, José Miguel Besoain, la pintora Dora Puelma de Fuenzalda, los hermanos Rafael y Álvaro Casanova Zenteno, la escritora Sara Hübner, el escritor Alberto Orrego Luco, Blanca Vicuña de Vergara, Celerino Pereira, Manuel Torres Boonen, Domingo Santa Cruz Wilson, Augusto Villanueva y Manuel Zubicueta; se sumaron ahora las amistades de las nuevas generaciones como la pintora Matilde Pérez Cerda-precursora del arte cinético en América- quien pasó gran parte de su infancia en Peñalolén, pues era amiga y compañera de colegio de Ximena y Soledad Arrieta. No son pocas las fotografías de esta artista en el parque, y su característica fisonomía es posible apreciar junto a su marido Gustavo Carrasco Délano en la imagen del matrimonio de Ximena Arrieta Pereira con Sergio Marín Correa en 1943, celebrado en la capilla de la casa.

Hacia 1940 la explosión demográfica de Santiago comenzó a causar estragos en el sistema rural de Peñalolén, comienza entonces el loteo de los grandes fundos, y la hacienda de los Arrieta es paulatinamente reducida. Peñalolén es foco de tomas y conformación de diversas poblaciones, el gobierno expropia algunos paños para construcción; y la zona comienza a perder ese encanto campestre. Consciente de los cambios, Luís Arrieta Cañas decide donar a sus fieles empleados los terrenos donde instalar sus viviendas definitivas, y en 1954 pone a la venta su querido parque, poniendo fin a una tradición cultural centenaria, posiblemente la última de esas características en Santiago.
Mercedes y Ximena Arrieta Pereira en bicicleta en el jardín italiano del Parque Arrieta de Peñalolen. Fotografia c. 1930, Archivo Patrimonial Brügmann. Donación familia Marín Arrieta.
Fotografía del matrimonio entre Ximena Arrieta Pereira y Sergio Marín Correa, realizada en 1943 en la capilla de Peñalolén. Fotografía gentileza familia Marín Arrieta.



                         Matilde Pérez Cerda en el Parque Arrieta - Retrato de Ximena Arrieta de Marín, por el pintor Carlos Alegría.

El parque es adquirido por diversos propietarios, siendo utilizado como Restaurant, Colegio e incluso como vivienda temporal de los integrantes del grupo musical Los Jaivas. Desafortunadamente, parece ser que nadie supo valorar la magnificencia e importancia histórica de este lugar, la casa comenzó a ser desmantelada, y muchas de las piezas ornamentales se perdieron por robo o destrucción intencionada. El descuido de los jardines causó la pérdida de las formas cuidadas del paisajismo europeo, la nula mantención destruyó los complejos sistemas hidráulicos, que hacían funcionar las piletas que tan famoso hicieron al Parque. En la década de 1980 la familia Mas Thibaut adquiere la propiedad, y comienza un lento trabajo de recuperación de los espacios y los jardines, encabezados por la dueña de casa, Ana Teresa Thibaut de Mas.
En 1991 la Casa y el Parque son declarados Monumento Histórico y ese mismo año es comprado por la Universidad Internacional SEK, quienes la mantienen hasta hoy como la Facultad del Patrimonio Cultural.

Este hermoso parque bicentenario, es como ningún otro, un testigo tangible de toda nuestra nacional, un lugar que presenció la llegada de los españoles, que vio nacer la República y alcanzó magnificencia en el utópico Santiago afrancesado. Sobrevivió la reforma agraria, terremotos y expropiaciones, la contaminación y la voraz mano de la expansión urbana. Hoy a pesar del deterioro, se mantiene como un paradisíaco rincón, donde la belleza de la naturaleza y el arte se unen en soberbia armonía...
 
El ingreso al parque Arrieta durante la nevazón de 2007. Archivo Patrimonial Brügmann.
                      
Autores
Mario Rojas Torrejón
Fernando Imas Brügmann
Brügmann, 2011 C

Este es sólo un extracto de nuestra investigación, si tienes más información de la casa, te gustaría aportar con imágenes o algún antecedente nuevo, no dudes en escribir a contacto@brugmann.cl; y así contribuirás junto a nosotros al rescate de la memoria patrimonial de todos los chilenos.




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10 comentarios:

Andrés dijo...

Excelentes imágenes. Una lástima que se haya perdido buena parte del parque.

Gonzalo dijo...

Tal vez la propiedad fue entregada al municipio exclusivamente como fundación, pero hoy existe venta de áridos, lo que es una vergüenza que la municipalidad de La Reina se preste para ello.
Hay que averiguar cómo fue escriturado.

Mario Rojas Torrejón dijo...

Gonzalo, gracias por el comentario. Los terrenos donde se emplaza la antigua Fundación Arrieta es propiedad de sus descendientes, quienes la arriendan con fines comerciales. Lamentablemente como bien tu dices, deberian ser las municipalidades quienes se interesen por mantener o dar un nuevo uso a estos edificios patrimoniales, pero todos sabemos que Chile tiene sus prioridades en un progreso económico más que cultural. Intentaremos entrar y publicar fotos, porque dicen que su arquitectura interior es bien interesante. Saludos!

Equipo Brügmann.

Manola Ogalde dijo...

Soy estudiante de arquitectura en la UC y actualmente estoy realizando una investigación que involucra el Parque Arrieta.
Agradecería mucho pudieran indicar las fuentes bibliográficas de las imágenes, ya que nos pueden ser de gran ayuda.

Gracias!

luis humberto venegas paredes dijo...

hola quiero felicitarte por estas hermosas imagenes de nuestra historia, y me gustaria saber si tienes alguna imagen de las casas de piedra en el nido de aguilas que estaba dentro de este parque en una quebrada en al cual habia una escuela, me interesa mucho mi madre nacio hay soy HUMBERTO VENEGAS PAREDES estoy atento a tus comentarios o a quien tubiera algo d este lugar muchas gracias

FERNANDA TERESA Mesina dijo...

Hola, junto con felicitarlos, me gustaría pedirles un inmenso favor,si pueden facilitarme las fuentes de información que ha usado para este excelente y completo artículo. Estoy realizando un estudio de árboles patrimoniales asociados a construcciones antiguas y este parque calza perfecto. Y/o si pueden darme las fechas de las fotografías de antaño, sería muy importante para mi.
De ante mano, muchas gracias por su buena voluntad y por compartir su blog con el mundo.
Saludos!!

clarisa dijo...

clarisaastorga@gmail.com
He vivido la mayor parte de mi vida en lo que fuera Ñuñoa y hoy es La Reina pero justo ahí, en la frontera o sea en Avenida Egaña. Mientras estuve pequeña cada día al ir a mi escuela veía lo que fue el teatro de la Fundación Arrieta con sus leones en la entrada. Siempre me llamaron la atención pero nunca pude entrar allí para ver el teatro no se usaba y en realidad era pequeña no pregunté más nada. En estos momentos esos leones que tanto me gustaron siempre se han ido deteriorando de tal manera que ya no tienen cabeza por ejemplo y el edificio que antaño fue un teatro hoy día solo es una carcasa que se emplea creo como bodega de materiales de construcción o algo parecido. Me da tanta lástima que perdamos tanto de nuestra historia en lo que se refiere a construcciones que siempre me pregunto: que será de nuestra historia? los edificios también forman parte de ella una parte importante.....lástima que no podamos tener un patrimonio que nos recuerde quienes somos y como empezamos. Saludos.

desconocida dijo...

necesito mas informacion sobre la señora rosa pereira guerrero , esposa del señor arrieta ....mi correo es sreyes@iplaaraucana.cl se los agradeceria ya que no encuentro en ninguna parte

camilin dijo...

Buen articulo , nos conecta al pasado y su arquitectura es muy interesante , lamentable mente en chile no se cuida el patrimonio arquitectónico . solo interesa levantar esos enormes cajones llamados edificios , afeando y entorpeciendo la visual de todo lo bonito que tiene Santiago en su cordillera y valles . una lastima . gracias por este articulo.

CaerSinAlas dijo...

el grupo musical que viviò desde Noviembre de 1972 y Septiembre de 1973 no eran Los Jaivas, sino que los Blops-que ocupaban una casa aledaña a la mansion, en donde vivian alrededor de 80 miembros del instituto Arica. saludos.