lunes, marzo 23

EL PALACIO COUSIÑO GOYENECHEA


ES SIN DUDA ALGUNA, UNO DE LOS INMUEBLES PATRIMONIALES MÁS CONOCIDOS DE CHILE, VISITA OBLIGADA PARA ESTUDIANTES Y TODO AQUEL QUE QUIERA EMPAPARSE DE ESE EXTRAVAGANTE AMBIENTE EN QUE VIVÍA LA ALTA SOCIEDAD DEL SIGLO XIX. 

SU ARQUITECTURA, HISTORIA Y LAS NUMEROSAS PIEZAS DE ARTE DECORATIVO QUE RESGUARDA, LO CONVIRTIÓ EN UN ATRACTIVO MUSEO QUE DESAFORTUNADAMENTE DEBIÓ INTERRUMPIR SUS VISITAS A RAÍZ DE LOS DAÑOS OCASIONADOS POR EL TERREMOTO DE 2010.

HOY, A PESAR DE ESTAR CERRADO PARA EL PÚBLICO, EL EQUIPO BRÜGMANN TUVO LA POSIBILIDAD DE RECORRER CADA RINCÓN DE ESTE EMBLEMÁTICO EDIFICIO, UN SORPRENDENTE E HISTÓRICO REGISTRO QUE LES INVITAMOS A REVIVIR EN ESTE REPORTAJE... 







Cuando la calle del Dieziocho aun lucía ese pavimento de madera que disminuía el ruido de los carros, se inició la construcción de un fantástico palacete, famoso hasta hoy por la  calidad de los materiales utilizados. Para comprender el contexto de su edificación debemos remontarnos a la década de 1870, cuando nuevos personajes ligados al liberalismo y a las incalculables fortunas mineras o comerciales, adoptan un refinado estilo de vida, inspirado en las grandes capitales europeas.  En un reportaje anterior hablamos extensamente del origen del barrio Dieciocho, el que puedes visitar AQUÍ; por lo que ahora nos limitaremos a sintetizar algunos aspectos relevantes de la aparición de esta nueva urbanización:


Uno de los factores determinantes es la canalización del río Mapocho, que permite detener las inundaciones invernales al sur de la Alameda, mejorando la accesibilidad a los predios rurales y las callejuelas que conducían a La Pampilla, paseo público donde se encontraba el Campo de Marte, epicentro de los festejos patrios.

No fue, sin embargo, hasta 1869 que el barrio se consolida cuando Luis Cousiño ofrece al gobierno la remodelación de La Pampilla para convertirla en un extenso jardín público, que tomaría como modelo los grandes parques europeos como Hyde Park en Londres, el Bous de Boulogne en Paris, el Tiergarten en Berlín y el Parque del Retiro en Madrid. Se proyectan además, dos grandes vías de acceso: la avenida del Ejército Libertador y la calle Dieciocho. Ambas aperturas suponen la expropiación de parte de los pequeños fundos del sector,  situación que insta a los propietarios a lotear sus terrenos para formar solares ideales para la construcción.

Luis Cousiño decide apostar por el incipiente barrio, y compra algunos sitios casi al final de la calle Dieciocho, que se extendían desde la actual San Ignacio a la antigua calle Castro, hoy Manuel Rodríguez. Reserva para él un extenso solar adquirido a Juan Segundo Arévalo en $5.000 pesos, que colindaba al sur con el sitio de Tomás Correa, al oriente con la callejuela del fundo de la familia Bernales (hoy San Ignacio), al norte con propiedad de Pedro Barceló y al poniente con la calle Dieciocho. Éste lugar será el elegido para construir su residencia familiar en Santiago.

Vista de la antigua Pampilla de Santiago, óleo de Giovatto Molinelli. 1859. Colección Museo Nacional de Bellas Artes.
La laguna del Parque Cousiño, actual O'Higgins. Fotografía Leo Román, en Flickr. 2013

Pero ¿quién era este hombre que había decidido dirigir la remodelación de un parque para Santiago y fomentar la aparición de todo un barrio al sur de la Alameda?

Luis Cousiño Squella había nacido en 1835, y sus contemporáneos lo recordarán como un hombre de inmensa fortuna, finos modales, apasionado por el arte y ser un verdadero amante de la ciudad. De sus temporadas en Europa traía gran cantidad de ideas y adelantos técnicos que incorporaba en sus negocios: a él se le debe la aparición de una de las primeras máquinas fotográficas, la introducción del cultivo de seda, y diversas mejoras tecnológicas en la agricultura y la industria minera. Fue presidente del Club de la Unión y nombrado Presidente honorario del recién creado Club Hípico de Santiago, por su colaboración y servicios prestados al país; además de su generosa donación de una copa de oro para el ganador de la carrera inaugural en 1870. Luis Cousiño, “gustaba de la vida fastuosa y alegre que había vivido, pero era un gran pensador y siempre se distinguía por sus altas ideas patrióticas y de utilidad pública. Vivió algo deprisa. Las variadas emisiones de su vida minaron pronto su voluntad y su cuerpo, y murió siendo aun demasiado joven, cuando sus compatriotas y la institución que presidía [El Club de la Unión] pudieron esperar mucho más de su talento…”. La tuberculosis lo venció en la ciudad peruana de Chorrillos en 1873.
Retrato de Luis Cousiño Squella, 1855. Colección MHN
Con motivo de la muerte de Cousiño, el periódico parisino El Americano, publicará en su portada del 14 de septiembre de 1873: “Era un opulento propietario de la república de Chile, pero no uno de esos opulentos vulgares, avaros y egoístas, que ven en el dinero un dios, un elemento de goce o un simple mérito personal. Joven, ilustrado y emprendedor, comprendía que los ricos han traído a éste mundo una noble misión que cumplir. Don Luis Cousiño supo cumplir brillantemente esa misión. Los hombres de trabajo y de inteligencia a quienes protegió siempre con esplendidez, los pobres que participaron de sus generosidad, los adelantos locales de su patria y sobretodo, la industria de Chile, que ha recibido de sus capitales un poderoso impulso… entre las dádivas que hizo figuran 500000 mil francos legados a la Sociedad de Instrucción Primaria, una de las sociedades de educación más útiles y liberales del país… Como testimonio de la consideración que sus méritos le habían granjeado en su país, podemos citar las demostraciones de que fueron objeto en la capital de la república chilena sus últimos restos: exequias suntuosísimas costeadas por la Municipalidad, a las que asistió toda la corporación, gran número de políticos y literarios…el intendente de la provincia Sr. Vicuña Mackenna pronunció en su elogio, en el seno del municipio, un discurso tan elocuente como sentido”.

Su joven viuda, Isidora Goyenechea Gallo, compartía esa fascinación por el urbanismo, la filantropía, el lujo y las artes aplicadas. Decidió continuar al mando de las industrias de su marido, un incalculable patrimonio que incluía las minas de carbón de Lota y Coronel, una veta de plata en Chañarcillo, una flota de barcos, extensiones agrarias, bienes raíces y una de las primeras viñas chilenas. Con tenacidad logró expandir los negocios e implementar nuevas tecnologías en la agricultura y la minería, inició también los primeros intentos de aclimatación del salmón en Chile, creando criaderos en el río Chivilingo, misma localidad donde construyó la primera Central Hidroeléctrica de Sudamérica, encargada a la firma de Thomas Alba Edison, quien por carta dirigió el proyecto y alabó su realización.
Isidora Goyenechea (1836-1897). Colección Particular.
La importancia de Isidora Goyenechea traspasó las fronteras, no sólo por su inteligente dirección de los negocios –un mundo reservado en la época sólo a los hombres- sino que por su incalculable fortuna, siendo considerada por los medios internacionales –entre ellos el estadounidense New York Times, los franceses Le Figaro y Le Temps, el español El Liberal, e incluso el Östra Finland de Finlandia- como la mujer más rica de todo el mundo. El cronista William Eleroy Curtis la conoció en su paso por nuestro país, y la recuerda en su libro The Capitals of Spanish America de 1888: El Creso [legendario rey de gran riqueza] de América del Sur es una mujer, doña Isidora Cousiño, de Santiago, Chile, y hay pocos hombres o mujeres en el mundo más ricas que ella. No hay fin a su dinero y no hay límite a su extravagancia…”.  Asimismo el periódico español La Época, publicará en su edición del 22 de diciembre de 1885 “La mujer más rica del mundo, según noticias que publican los periódicos de Nueva-York, lo es la Sra. Isidora Cousiño, residente en Chile: su fortuna es inmensa… dueña de millones de hectáreas de terrenos, millones de pesos en metálico, centenares de miles de cabezas de ganado, minas de carbón, Cobre y plata, palacios, señora de toda una población (la de Lota, donde radican sus propiedades mineras y donde prefiere residir para atender a sus negocios), una escuadra de vapores, un ferrocarril, fundiciones, etc. Posee además esta dama varias mansiones regias; entre ellas, una en Macul, al pie de la cual tiene viñedos, qué surten de vino a buena parte de Chile. Diez o doce mayordomos administran sus negocios, y les exige cuenta estrecha de todos los gastos o ingresos. Aunque fastuosa en su modo de vivir, es inexorable en cuestión de negocios. Días pasados hablábamos del opulentísimo millonario norte-americano Vanderbilt. Ahora le toca el turno a una dama de la América del Sur. Decididamente América es el país de los Cresos modernos…”.

Retrato de estudio de Isidora Goyenechea (al centro) junto a un grupo de amigas. Estudio de J.R.Munday, c.1865. Colección MHN.

Tras esa llamativa fachada, Isidora Goyenechea vivía recluida en una sencilla discreción, acompañada de sus amistades más íntimas, preocupada incansablemente de la administración de los negocios y la educación de sus pequeños hijos, pasando largas temporadas en Paris, donde habitaba un llamativo hôtel particulier en la esquina de la Rue de Lota y de Longchamps, en el distrito XVI, como comenta el cronista Eduardo Balmaceda en su libro “De mi tierra y de Francia” en 1932.
Cuando regresaba a Chile, traía consigo novedades tecnológicas que implementaba en sus empresas, y como una obligación moral, se encargaba personalmente de labores filantrópicas, que incluían ayuda a la iglesia, sociedades de beneficencia, asilo de enfermos, consultorios y escuelas.
En la ciudad minera de Lota fue una de las impulsoras de la responsabilidad social empresarial, pues invirtió en mejorar la calidad de vida de los habitantes, construyendo casas para obreros con lavaderos y hornos, pavimentó las calles, creó escuelas y hospitales; fundó la casa de la Gota de Leche, encargada de otorgar un litro de leche a cada menor desposeído y organizó un orfanato, que más tarde sería conocido como el Pequeño Cottolengo.
Hizo de Lota su residencia permanente, una fortaleza alejada de la siempre envidiosa sociedad santiaguina, donde formó con gran dedicación un asombroso parque privado, cubierto de grandes árboles, flores y animales exóticos, que no tardó en llamar la atención de exploradores y turistas, quienes viajaban largas distancias para recorrer uno de los primeros jardines botánicos de América del Sur. El norteamericano William Eleroy Curtis comentó al respecto: [En Lota] está construyendo una mansión que tendrá un costo de al menos un millón de dólares, al centro de lo que es, sin duda, el mejor parque privado en el mundo que contiene estatuas, fuentes, cuevas, cascadas, y un sin fin de hermosos árboles y plantas. El superintendente es un escocés, y me informó que tenía órdenes de hacer del lugar un paraíso, sin tener en cuenta el costo”. El parque, de 14 hectáreas aun existe, y ofrece a la comunidad visitas guiadas por los jardines y el museo, ambos a cargo de la Corporación Baldomero Lillo de Lota.

El palacio Cousiño de Lota fue construido por los arquitectos Eduardo Fehrmann y M. Guerinau, desafortunadamente se demolió tras el terremoto de 1960. Postal Fotográfica de Carlos Brandt - La laguna central del Parque de Lota. Fotografía Flickr Juan Manuel Barra. 
Portada del edificio de "La Gota de Leche Isidora Cousiño" en Lota. Fotografía Flickr José González Spaudo. - Central hidroeléctrica Chivilingo, hoy en serio riesgo de derrumbe por los daños del terremoto de 2010. Fotografía La Tercera.


El palacio Cousiño

Siguiendo los patrones sociales establecidos en la época, Luis Cousiño había iniciado el trazado de un palacete en Santiago, en la quinta que había adquirido a la familia Arévalo casi al final de la calle Dieciocho,  destinando un terreno frente a ella, para las cocheras. Su muerte dejó inconcluso el proyecto, que es retomado en 1874 cuando Isidora Goyenechea se adjudica el solar como parte de la herencia de su marido.
Decide entonces encargar los planos al arquitecto francés Paul Lathoud, cuyo trabajo expuesto en la Exposición de Lyon, había llamado la atención del escritor Alberto Blest Gana, quien ejercía el cargo de Ministro Plenipotenciario en Francia. Al conocer la trayectoria del profesional, instó al gobierno chileno para contratarlo y encargarle el diseño de la Exposición Internacional de Chile, y la construcción del pabellón principal, edificio actualmente ocupado por el Museo
El palacio de la Exposición, grabado de Brockhaus. 1901. BNF.
Nacional de Historia Natural. La contratación se hizo efectiva en 1873, embarcándose rumbo a nuestro país ese mismo año. Lathoud traía consigo la magia del Segundo Imperio francés, refinamiento que dejó caer sobre los viejos muros de adobe cuando varias familias santiaguinas deciden encargarle el proyecto de sus residencias: 
Para el diplomático Uruguayo José Arrieta y su mujer Mercedes Cañas, el arquitecto diseña una espaciosa casa decorada con mosaicos florentinos frente al Teatro Municipal, decoraciones que también son elegidas para la casa de Eugenio Ossa y Ossa, en la esquina de Alameda con Dieciocho; ambas hoy inexistentes. Participó en la construcción del Congreso Nacional, en el diseño del Cementerio Católico y en la reconstrucción del Teatro Municipal de Santiago. Investigaciones recientes realizadas por nuestro equipo le atribuyen también la construcción de la casa del Parque Peñalolén, propiedad de la familia Arrieta Cañas. (Más información AQUÍ), y la autoría de otro icono del patrimonio perdido santiaguino, el palacete del coleccionista Victor Echaurren Valero, donde en 1885 se estrenó la luz eléctrica en su concurrido baile inaugural; si quieres saber un poco más, pincha AQUÍ. Parece ser que el profesional regresa en 1887 a Francia.

El palacio de Eugenio Ossa y Ossa fue uno de los primeros en construirse al sur de la Alameda, perteneció más tarde a Rafael Errázuriz Urmeneta, y hacia 1917 se convirtió en la Embajada de Estados Unidos. En las fotografías, vista de la fachada y el Hall, que guarda gran similitud con el mismo espacio del palacio Cousiño. En: Revista Sucesos, 1917.
El palacio Arrieta ocupó la esquina norponiente de la calle San Antonio y Agustinas, frente al teatro. El hall con sus grandes ventanas de medio punto, chimeneas y piso de mayólica eran muy similares a los elementos que componen el palacio Cousiño. Fotografías Archivo patrimonial Brügmann.
Fachada del palacio Echaurren ubicado en la calle Dieciocho 620, atribuido a Paul Lathoud. A la derecha, un corredor del Cementerio Católico, decorado con esculturas y puertas de fierro forjado. Fotografías Archivo patrimonial Brügmann.

El palacio Cousiño, quizás por su permanencia casi intacta en el tiempo, se ha transformado en la obra más conocida de Lathoud en Chile, y aun podemos apreciarlo en el número 438 de la calle Dieciocho. En este edificio vemos reflejados de primera fuente, los ideales del clasicismo francés tan en boga durante el reinado de Napoleón III. El arquitecto Paul Lathoud –educado bajo esta corriente- reproduce un volumen elegante, medido en sus formas y proporciones, pero que abandona la monotonía del neoclásico y se acerca al barroco, introduciendo leves variaciones ornamentales en cada nivel, donde confluyen pilastras  jónicas y compuestas, dinteles rectos, frontones y arcos de medio punto en perfecta armonía.
La fachada sur del palacio Cousiño, c. 1880. Colección Particular.
Al igual que sus homólogos en Francia, impone la moda del mosaico dorado y la fayenza italiana para la decoración de las fachadas, logrando así reintroducir el color en la arquitectura. En el palacio Cousiño dispone una serie de bandas de faïence sobre los vanos, en los remates y en algunos paños de muro. Utiliza además materiales inéditos como mármoles de distintas tonalidades, piedras, granitos, elementos de fierro y vidrio, esculturas y medallones; que hacen del inmueble un verdadero muestrario de las artes aplicadas. El edificio de estructura de albañilería de ladrillo sin refuerzos metálicos, tiene una superficie de 3500 metros cuadrados, y en su origen se organizó en tres pisos, más un subterráneo con cava.
Rejas perimetrales y la fachada principal del palacio desde la calle Dieciocho, desde donde se observa la simetría de la construcción y los cuerpos anexados, además de la riqueza decorativa. Fotografía c.1890. Colección particular.
El eje central de la fachada lo conforma una marquesina de fierro y vidrios que protege la puerta principal, que se adelanta sostenida por delgadas columnas metálicas, sobre una base de piedra arenisca. El piso es de mayólica italiana y las gradas de mármol blanco. Fotografía Archivo patrimonial Brügmann, 2014.
El edificio incorpora una serie de decoraciones inéditas en el Chile de ese entonces, como medallones de mayólica italiana y fayenzas. Además de la incorporación de esculturas de mármol y metal. Fotografías Archivo Patrimonial Brügmann, 2014.
La fayenza italiana es uno de los elementos decorativos distintivos del palacio, que se ubicó en paños de muro y cornisas, complementándose a la ya atractiva puesta en escena, que incluía balaustradas, frontones, canecillos, figuras mitológicas en sobrerelieve, y otros atractivos del neoclásico francés. Fotografía Archivo Patrimonial Brügmann, 2014. 
La fachada norte demuestra la magia decorativa y la unidad decorativa que impregnó Lathoud a todo el conjunto, rematando el pabellón con dos pórticos columnados decorados con esculturas; e incorporando un acceso secundario disimulado por una estructura exenta, sostenida por dos grandes columnas jónicas y coronada por un frontón circular. Fotografías Archivo Patrimonial Brügmann, 2014.
La fachada oriente está dominada por la estructura metálica del jardín de invierno, que tiene salida al jardín a través de una escalinata de piedra arenisca. El invernadero se encuentra adosado al edificio, entre dos salientes que mantienen la gracia decorativa de todo el conjunto. Fotografía Gentileza Museo Palacio Cousiño.
La fachada sur incorpora un saliente semicircular que deja espacio para una terraza en el segundo nivel. Este espacio es ocupado por la sala de música, y es un acceso secundario que da al jardín del palacio. Originalmente estaba decorado por figuras de perros y plantas, pero a principios del siglo XX se dispusieron los característicos leones que vemos hoy. Fotografía Archivo Patrimonial Brügmann, 2014. 

Como toda gran casa, el programa incorporó la presencia de otras edificaciones anexas como un pabellón de portería, un área de servicio con salida a la calle San Ignacio, y grandes cocheras, ubicadas frente al palacio por calle Dieciocho, que fueron demolidas cuando la familia encargó un edificio de departamentos al arquitecto Esteban Harrington.
Incorporó además un llamativo parque con glorieta, laguna, zonas de descanso, senderos, invernadero y grandes árboles, diseñado por el paisajista español Manuel Arana Bórica.

Aspecto del parque del palacio, en época de Arturo Cousiño Goyenechea, en una postal de Carlos Brandt. c.1900. Colección Particular.
El parque del palacio conserva aun los senderos y grandes árboles que dispuso el paisajista Manuel Arana Bórica. En 1943 la Municipalidad de Santiago abre su parque al público, y hoy se ha transformado en un sitio de descanso para los numerosos estudiantes que van a clases en el sector. Fotografía Archivo Patrimonial Brügmann, 2015.
El camino de cohes, parterres y al fondo el Pabellón de portería, una construcción secundaria de servicio destinada a albergar al portero junto a su familia. Hoy es utilizado por las oficinas de administración del museo Palacio Cousiño. Fotografía Archivo Patrimonial Brügmann, 2014.
El pequeño jardín posterior junto a la salida del invernadero, está protegido por plantas y la atractiva arquería que forma el pabellón de servicio. - Grandes árboles en el parque del palacio, plantados por el paisajista español Manuel Arana Bórica, durante la construcción del edificio. Fotografías Archivo Patrimonial Brügmann, 2014.
Reconstrucción de la planta original del palacio, su parque, cocheras y zonas de servicio en base a planos entregados por el Museo Palacio Cousiño. Se puede apreciar en celeste las áreas privadas de la casa, mientras que en amarillo aparecen los servicios. El parque presumiblemente contó con invernadero, glorieta y quioscos, muy difundidos durante el siglo XIX, y que se pueden apreciar en la reconstrucción del plano de Santiago de José Rozas, PUC. Diseño y reconstrucción, por Fernando Imas Brügmann y Mario Rojas Torrejón, se prohibe su utilización y reproducción. 2015.
El diseño del palacio por parte de Lathoud, consideró la incorporación de grandes cocheras para albergar los numerosos coches que tenía la familia, y que eran muy famosos en ese entonces. El edificio se ubicó frente al palacio, y siguió los mismos lineamientos estilísticos de todo el conjunto. No es posible precisar su ubicación, pero es probable que haya sido demolida cuando la familia decidió construir en 1910 un edificio de departamentos encargado al arquitecto Esteban Harrington, en la calle Dieciocho esquina Las Heras. Hoy el Instituto Geográfico Militar ocupa su lugar. Fotografía en: Poirier, E. Chile en 1908. Imprenta Barcelona Santiago de Chile, 1909. Biblioteca Patrimonial Brügmann.
Arquerías que resguardan el corredor que conduce al área de servicio ubicada al oriente del palacio, que albergó cocinas, repostero, servicios varios, habitaciones de empleados y bodegas. Las botellas de vino de la viña de la familia llegaban a este lugar para ser comercializadas, teniendo una salida por calle San Ignacio para este fin. Fotografía Archivo Patrimonial Brügmann, 2007.
Vista del jardín y camino de coches, en la zona poniente del palacio. Al fondo el acceso principal, y a la izquierda el pórtico con columnas y esculturas. Fotografía c.1940, gentileza de John Chamberlain.

Esta sorprendente puesta en escena exterior pierde todo atractivo al comparar el programa decorativo elegido para el interior del palacio: Atravesando una gran puerta de cedro tallada, emerge la deslumbrante magia ornamental de la corte francesa del Segundo Imperio, tan colorida, fastuosa y excesiva.
Sarah Bernhardt, por Clairin. 1876. Col. Petit Palais de Paris.
El color nuevamente es el protagonista en el acceso principal del palacio Cousiño: una escalinata de mármol blanco permite subir unos metros hasta el brillante piso de mayólica italiana de la sala. Los muros están decorados por placas de mármol gris, rojo y amarillo; pero los elementos de mayor interés son ocho óleos del pintor Georges Clairin, el mismo que retrató magistralmente a la actriz francesa Sarah Bernhardt –pintura actualmente en el Petit Palais-  y que tuvo el honor de participar en la decoración de la Ópera Garnier de Paris, pintando el salón de El Glacier y terminando las alegorías que había iniciado su maestro Isidore Pils, en el Gran Vestíbulo.
Sorprendido de ver obras de este pintor en Chile, y el cuidado lujo ornamental de la mansión de Isidora Goyenechea, el cronista austriaco Charles Wiener deja ésta apreciación en su libro Chili et Chiliens de 1888: “El hotel Cousiño es la mansión más lujosa de la ciudad; las artes y las artes aplicadas a la industria, la elegancia, el buen gusto y el confort, lo constituyen un conjunto notable. Las piezas de recepción son maravillosas… las cortinas de fabricación lionesa han costado 650.000 francos. La sala de baile está decorada y amueblada en el más puro estilo Luis XVI. El comedor, estilo Enrique II, fabricado en el barrio de San Antonio, es una oportunidad de ver en América verdaderas obras de arte de madera tallada. Los vestíbulos y la escalera están decorados por paneles de Clairin de un alto valor artístico”.
Las alegorías del Vestíbulo de la Opera Garnier de Paris, iniciadas por Isidore Pils pero finalizadas por Georges Clairin - El plafond de la rotonda de El Glacier, y todas las pinturas murales de esa sala fueron realizadas también por Georges Clairin. Fotografías Archivo Patrimonial Brügmann, 2012.
Vestíbulo de acceso al palacio Cousiño, decorado con paneles de mármol amarillo, rojo y gris, además de molduras ornamentales y un distintivo farol de bronce dorado. - Uno de los paneles decorativos de Georges Clairin, que representan las estaciones del año, en este caso el Verano, con una escena rural de la trilla. Fotografías Archivo Patrimonial Brügmann, 2014.
Vista del cielo del vestíbulo, donde se observa el farol de bronce dorado y dos de los paneles florales pintados por Georges Clairin. - Panel decorativo de Clairin que representa La Primavera, en el vestíbulo del palacio Cousiño. Fotografías Archivo Patrimonial Brügmann, 2014.

¿Qué otras sorpresas esconde el palacio Cousiño?
Descubrámoslas siguiendo nuestro recorrido.

Ingreso al hall de la casa, con dos esculturas de bronce que sostienen candelabros. Fotografía gentileza Museo Palacio Cousiño.

Ya no usaremos las babuchas, esas zapatillas de felpa que todos debieron ponerse en su visita, pues el palacio está cerrado al público desde el 2010 y se ha cubierto el parquet para protegerlo de eventuales daños cuando se inicien las labores de restauración. La mayoría de los muebles han sido trasladados a otro lugar, y los cortinajes permanecen ocultos tras fundas que ayudan a su conservación.
Recibidor Rojo con su mobiliario original.
Queremos continuar el camino a través de la mampara con vidrios grabados al ácido que permite llegar al Hall, pero si respetamos la distribución original de la casa, debemos ceñirnos al jerárquico y ceremonioso programa social del siglo XIX. El edificio está diseñado al estilo de la Belle Époque, donde una sucesión de salas, salitas y salones cumplían una función específica, destinada a recibir distintos tipos de público, y donde los espacios más íntimos eran celosamente reservados para la familia. La planta nos revela que el espacio central, que servía como gran salón de la casa, estaba circundado hacia el sur por una serie de salas con una clara función pública: recibidor, sala de té, de juegos, de baile, de música y Gran Comedor; mientras que hacia el norte, los servicios, la biblioteca, el comedor de diario, la sala de armas y la escalera principal, demuestran un destino ligado a áreas más privadas.
Nos “conformamos” entonces con tomar nuestra derecha e ingresar al Recibidor Rojo, una sala en estilo Luis XVI que mezcla ricos paneles de madera con filetes dorados y paños de seda roja en los muros. Los grandes cortinajes bordados a mano con hilos de plata y oro, eclipsan la chimenea de mármol rojo con guarniciones de bronce, semioculta bajo un enorme espejo de corte rococó. El parquet es un excepcional trabajo de marquetería en ébano, nogal, haya alemana, caoba y cedro, que es posible apreciar gracias a la ausencia de la alfombra. Tampoco está el boulle, las porcelanas de Meissen, el “Desastre Doméstico” de Fermin Girard, ni los óleos de Swinburn; pero es una oportunidad poder ver la cuidadosa arquitectura interior.

Detalle de una de las puertas del Recibidor Rojo, que abre paso al salón de Baile, completamente talladas  y decoradas con medallones y filetes dorados a la hoja. - Aspecto del Recibidor Rojo, con parte de su mobiliario original. La ausencia de muebles y pinturas, permite ver la riqueza decorativa de la sala, con sus paneles a media altura, entelados, cenefas, molduras y parquet estrellado. Fotografías Archivo Patrimonial Brügmann, 2014.

La misma sensación nos produce la habitación contigua, destinada originalmente como Sala de Baile. En ella el arquitecto optó por el refinado estilo Luis XVI, donde una serie de puertas, espejos y ventanas dispuestas estratégicamente, aumentan la sensación de amplitud, y permiten reflejar los paneles de madera, molduras y artesonados, todos laminados completamente en oro. Una chimenea de mármol de carrara, espejos empotrados, dessus de portes con escenas románticas, cortinajes dorados y un plafond del pintor Ignace Domaire, complementan la ya espectacular puesta en escena del salón.
Salón de Baile, c. 1940. Gentileza John Chamberlain.
No podemos ver el mobiliario estilo Luis Felipe, compuesto por numerosas sillas, mesas con cubiertas de mármol, y sillones, entre los que destacan dos indiscretos, un tipo de sillón de tres asientos con forma de hélice que nace durante el Segundo Imperio, donde se sentaban las jóvenes parejas, en compañía de una chaperona que tenía como deber vigilarlos atentamente durante los grandes bailes.
Este salón fue escenario de llamativas recepciones cuando en diciembre de 1920, el Infante José María de Baviera y Borbón se hospedó en la casa, sirviendo esta sala como estancia privada para recibir a las visitas ilustres, entre las que se contaron políticos, religiosos, damas de sociedad, empresarios, el saliente presidente Juan Luis Sanfuentes, y Arturo Alessandri Palma, presidente electo ese año.
Las brillantes fiestas no terminaron cuando el Infante se alejó de Chile, sino que continuaron porque la propietaria de ese momento era una anfitriona innata que gustaba de congregar en sus salones a un variopinto de personajes de la sociedad santiaguina. “Doña María Lyon Arrieta de Cousiño, luego de una larga estada en Europa, llegaba con sus hijas y abría las puertas de su palacio de la calle Dieciocho… mi generación fue a las noches de gran gala en que ella, armonizando en ese ambiente con su belleza, su elegancia y sus joyas proverbiales, tenía una frase cariñosa para cada uno de sus invitados”, comentará Eduardo Balmaceda Valdés en sus libros Un mundo que se fue y, Del Presente y del Pasado.

El salón de baile con su mobiliario original, c.1920. Gentileza Museo Palacio Cousiño. - El salón de baile en la década de 1980, se puede ver a la derecha uno de los "indiscretos", parte del mobiliario Luis Felipe adquirido en Europa en el remate de Las Tullerías. Fotografía Archivo Patrimonial Brügmann.
El saliente Presidente Juan Luís Sanfuentes junto al Infante de Baviera y Borbón (al centro) en una recepción ofrecida en el salón de baile del palacio Cousiño en diciembre de 1920. Fotografía Revista Familia, dic 1920.
Los espejos ayudan a incrementar la sensación de amplitud en el salón de baile, reflejando además los numerosos detalles dorados de las molduras y las atractivas pinturas decorativas. - A la derecha uno de los rincones del cielo del salón con el monograma familiar dorado a la hoja. Fotografía Archivo Patrimonial Brügmann, 2014.
Aspecto del salón de baile durante nuestro recorrido, y el plafond del pintor Ignace Domaire, que compite con las brillantes decoraciones doradas que inundan los muros y el cielo de la habitación. Fotografía Archivo Patrimonial Brügmann, 2014.
Aspecto del salón de baile en la actualidad, sin su mobiliario ni cortinajes. Sorprenden los detalles ornamentales, molduras y el brillo de los decorados dorados en cielos y muros. Fotografía Archivo Patrimonial Brügmann, 2014.


Sala de Música, Archivo Brügmann. 2014
La música que animaba estas fiestas provenía del salón vecino, un espacio de planta cuadrada rematado hacia el sur por un saliente semicircular, separado por dos columnas de orden corintio. Originalmente un proscenio permitía la ubicación de una orquesta de hasta doce músicos, cuyas melodías eran escuchadas en gran parte de la casa, gracias a la notable acústica lograda por la curvatura del salón. El cielo está decorado por molduras que representan distintos instrumentos musicales y un plafond circular del pintor Ignace Domaire; los muros están tapizados por paños de seda francesa, los cortinajes son de gobelino, y el mobiliario es de estilo regencia. La sala aun resguarda un piano Érard, y la escultura “Lucía” del artista Alejandro Rossi, adquirida en la Exposición Internacional de Chile en 1875.  La figura de mármol muestra una reinterpretación de la protagonista de la novela "Los Novios" del escritor Alejandro Manzoni, publicada en el siglo XIX. El parquet es un excepcional trabajo de ebanistería, y merecen atención las quincallerías de puertas y ventanas, todas artísticamente labradas.
El espacio contaba al parecer, con un panel decorativo de Georges Clairin, que hoy lamentablemente no existe. La única imagen que se tiene, aparece en el libro Chili et Chiliens de Charles Wiener, publicado en 1888.

Aspecto de la Sala de Música durante el siglo XIX, con su mobilirario original. Al fondo tras la palmera, se ve el proscenio para la orquesta, hoy inexistente. Fotografía gentileza Museo Palacio Cousiño.
Rincón de la Sala de Música con sus cortinajes originales, apliqués y la llamativa ventana que permite apreciar la decoración del salón de baile, y que otorga una sensación de mayor amplitud. Fotografía panorámica 360, chilexplora.cl
Grabado del ilustrador Luis Fernando Rojas que representa la escultura "Lucía" del artista italiano Alejandro Rossi, aparecido en el periódico El Correo de la Exposición, con motivo de la Exposición Internacional de Chile en 1875. - La misma escultura en el salón de música del palacio Cousiño, en la actualidad. Fotografía Archivo Patrimonial Brügmann.
Plafond circular del pintor francés Ignace Domaire, que decora el cielo del salón de música en el palacio Cousiño, uno de los elementos decorativos más atractivos de la casa y que se salvó milagrosamente de la acción del agua, durante los intentos por sofocar el incendio de 1968. Fotografía Archivo Patrimonial Brügmann, 2014.
Lámpara de la semirotonda del salón de música, al fondo las columnas corintias y el plafond de Ignace Domaire. La riqueza decorativa de esta sala sorprende aun a los visitantes, que ven reflejado todo el refinamiento del Segundo Imperio francés en una excelente reinterpretación en el lejano Santiago de Chile. Fotografía Archivo Patrimonial Brügmann, 2014.
El parquet del salón de música, un asombroso trabajo de ebanistería que utilizó maderas de cedro, ébano, nogal y haya alemana - La quincallería del palacio es un detalle que pasa muchas veces desapercibido, pero basta nada más con observar un poco para sorprenderse de los elementos presentes en puertas y ventanas, todos asombrosamente labrados. Fotografías Archivo Patrimonial Brügmann, 2014.
Panel decorativo de Clairin ubicado en la sala de música del palacio Cousiño, publicado en el libro Chili et Chiliens de Charles Wiener en 1888. Biblioteca Patrimonial Brügmann.
Apliqué de bronce dorado original, que ilumina el salón de música del palacio Cousiño. Fotografía Archivo Patrimonial Brügmann, 2014.

La siguiente habitación se conoce como Sala del Té, un espacio netamente femenino, donde la dueña de casa se reunía con sus amistades más íntimas. Decorada en estilo Luis XVI, conserva la chimenea de mármol de carrara, los apliqués de bronce, espejos, una lámpara de cristal de Baccarat y, la tapicería original de los muros y cortinajes, ambas de terciopelo genovés.
Sala de Té, c. 1980. Archivo Brügmann
Una puerta nos conduce al Salón de Fumar o Sala de Juegos,  zona destinada al público masculino, donde los señores podían reunirse tranquilamente en un singular ambiente que mezcla la estética francesa con algunos guiños moriscos. Si nos fijamos con atención, podemos ver en las cenefas y cortinas, el Ay Yıldız – luna creciente junto a una estrella- símbolo del Islam, relacionado estrechamente al Imperio Otomano.
Estas dos habitaciones cumplían una función especial durante los banquetes, que refleja los estrictos usos sociales del siglo XIX. Junto al Gran Comedor se debían disponer dos salitas contiguas que permitieran la reunión por separado de hombres y mujeres tras la comida, congregándose las señoras en la Sala del Té para relajarse, mientras que los caballeros se dirigían a la Sala de Juegos para beber y fumar.

Aspecto actual del salón de té, con sus cortinajes protegidos y la lámpara de Baccarat- A la derecha el tapiz de los muros fabricado en terciopelo genovés, y las lágrimas de cristal de la araña central. Fotografías Archivo Patrimonial Brügmann, 2014.
La Sala de Juegos era el espacio destinado al público masculino, se le conoce como sala de fumar, y como todas las de su tipo estaba decorada en estilo morisco. Fotografía gentileza Museo Palacio Cousiño-  A la derecha una de las cenefas en estilo morisco, y el "Ay Yildiz" símbolo del imperio Otomano. Fotografías Archivo Patrimonial Brügmann, 2014.
Vista de la sala de juegos del palacio Cousiño, a inicios del siglo XX. Fotografía gentileza Museo Palacio Cousiño.

La oscuridad hoy no nos permite apreciar el Comedor Principal, sin duda uno de los espacios más asombrosos. Se nos hace difícil mirar esa estética Enrique II, tan de moda en los comedores del siglo XIX. Los muros tienen enmaderados de nogal a media altura, y un revestimiento de cuero pirograbado, dorado y policromado; valioso trabajo hecho por artesanos en la ciudad española de Córdoba. El cielo posee un artesonado de nogal decorado con ocho platos de mayólica italiana, dejando espacio al centro para una lámpara de cristal de Baccarat. Lo que más llama la atención es el mobiliario, compuesto por una mesa con veinticuatro sillas, y un conjunto de aparadores, trinches y vitrinas de estilo gótico, fabricados en el famoso Faubourg de Saint-Antoine de París, un distrito industrial donde se ubicaron desde el siglo XII, los principales talleres que suministraban de mobiliario y artes decorativas a la alta sociedad europea. 
Muebles del Gran Comedor. Archivo Brügmann.
Las vitrinas resguardan aun parte de la vajilla compuesta por cristalería de Val Saint Lambert, Baccarat y Bohemia; junto con piezas de plata y fruteras bañadas en oro. “Es imposible describir las riquezas que encierra el gran comedor, los muebles, zócalos y techos son de nogal, tallados por artistas cuyas obras adornan las casas reales europeas… Pero sin duda que la chef de oeuvre del palacio es la vajilla de cristal de roca tallada y de la cual sólo existe otro ejemplar en el mundo, que está incompleto, pues algunas de sus piezas se hallan hoy en día en The Buckingham Gallery de Londres. Este ejemplar había sido hecho para de las casas reales inglesas”. El Mercurio, 26 noviembre de 1920.
Un arco de medio punto al poniente deja entrar luz a través de un ventanal, bajo él se ubica la chimenea de nogal y dos candelabros que representan pajes del renacimiento florentino. Entre los enmaderados de los muros, podemos ver dos puertas que conducían a un comedor para niños y el área de servicio, donde llegaba la comida desde la cocina, ubicada en un pabellón anexo al palacio.
El comedor de palacio Cousiño en la actualidad, con sus muros de cuero de córdoba pirograbado, chimenea y enmaderados de nogal, y un fino mobiliario traído de Francia. Fotografía panorámica 360, chilexplora.
El Gran Comedor del Palacio Cousiño, con la cristalería y vajilla original en los aparadores, y la lámpara de bronce. Fotografía c.1940, tomada por el estudio Harmann, con motivo del remate de la casa. Gentileza de John Chamberlain.
Copas de cristal muselina que pertenecieron al palacio Cousiño, talladas con el monograma familiar. Colección de John Chamberlain.
El comedor del palacio Cousiño con la mesa dispuesta. La ausencia de la alfombra permite ver el fino parquet de nogal. Fotografía c.1920,  gentileza Museo Palacio Cousiño.

Nuestro viaje continúa en el Hall, un salón rectangular de doble altura decorado en estilo neoclásico, con pilastras, arcos de medio punto, mármoles, balaustradas y una serie de mosaicos de mayólica italiana. El cielo abovedado tiene en su centro una claraboya donde hasta 1968 se ubicaron coloridos vitrales, desde donde pende una lámpara de cristal de Bohemia que vino a reemplazar la discreta lámpara de fierro del hall a principios del siglo XX. Pesa media tonelada, tiene 60 ampolletas y se asegura es gemela de la lámpara central del Teatro Municipal de Santiago. Su increíble tamaño y resplandeciente imagen es una de las postales más conocidas del palacio Cousiño.
Hall del palacio Cousiño. Archivo Brügmann, 2014.
Por fotografías podemos ver cómo lucía el salón en la década de 1880, atiborrado de objetos de arte, pinturas, esculturas y las infaltables plantas interiores. Hoy sólo se conserva la jardinera de mayólica rematada por leones, los cortinajes de raso bordado con dragones, algunas esculturas italianas de mármol, jarrones, pinturas y muebles. Los retratos de Isidora Goyenechea y Luís Cousiño, obras del francés Joseph-Désiré Court, fueron reemplazados por reproducciones cuando la familia vendió la propiedad. Una descripción más precisa nos la entrega El Mercurio de 1920, “Imposible sería edificar algo parecido en los tiempos actuales. Desde su entrada el visitante queda gratamente impresionado por la magnificencia que por doquiera ostenta la hermosa mansión. El gran hall con su carpeta persa, sus seis estatuas de mármol firmadas por Calvi, Gillé y otros escultores de renombre en aquella época, hasta su gracioso grupo de plantas detrás de las cuales destaca un vitral de cristales transparentes que separa esta gran sala del comedor del palacio, todo constituye un conjunto suntuoso y magnífico”.
El atiborrado ambiente del siglo XIX en el hall del palacio Cousiño, refleja el estilo de la decoración imperante en la época. Fotografía gentileza Museo Palacio Cousiño.
El hall del palacio Cousiño en el año 2011. Fotografía diario La Tercera.
La lámpara de cristal y la ornamentación del cielo de la caja de escalera, visto desde el Hall. Fotografía Archivo Patrimonial Brügmann, 2014.
El hall visto desde la Sala de Música. Fotografía Archivo Patrimonial Brügmann, 2014.
Vista de la lámpara central del hall, fabricada con cristal de bohemia, tiene un peso de 500 kg y utiliza 60 ampolletas. Un sistema de polea permite que se baje una vez al año, para limpiarla. Fotografía Archivo Patrominal Brügmann, 2014.
Aspecto del Hall en la década de 1920, con las esculturas de "Eva" y "La Mignon", y parte del mobiliario original. El piso está cubierto por una enorme alfombra, similar a la que hoy se ubica en el comedor. Fotografía gentileza John Chamberlain.
Paneles decorativos de Georges Clairin que se ubicaban en el palacio Cousiño, hoy inexistentes. Aparecen en el libro Chili et Chiliens de Charles Wiener, 1888. Biblioteca Patrimonial Brügmann.

Si miramos al norte, las gradas de mármol y dos columnas jónicas dan perspectiva a la escalinata central, que sube en un tramo y luego se divide en dos. Cada peldaño está revestido en un tipo de mármol distinto, los pasamanos fueron reemplazados por jardineras de mármol negro, y los muros están decorados por dos alegorías: España y Francia, del pintor Georges Clairin. 
Escalera central del palacio Cousiño. Archivo Brügmann, 2014.
Un par de grifos de mármol amarillo custodian el descanso, y un espejo refleja los tramos que suben de la escalera, decorados por paneles que representan ninfas, del pintor Le Fen. Cuando llegamos al segundo nivel bajo el alero de columnas y balaustradas, admiramos el cielo con un plafond circular y molduras ornamentales. Nos llaman la atención diez paneles pintados con peculiares escenas que decoran el resto del muro de la caja de la escalera. La Directora del museo, Carmen Roba, quien amablemente dirigió el tour, nos explica que los óleos originales -realizados por Georges Clairin- se perdieron en el incendio de 1968 y debieron ser reemplazados por copias realizadas por el pintor chileno Manuel Venegas. Aún más interesante es el motivo de las obras: representan a la familia Cousiño Goyenechea en sus dos lugares de residencia, por un lado vemos escenas costumbristas en el Portal Fernández Concha, el Teatro, el Club Hípico, la Iglesia de San Francisco y el Parque Cousiño (hoy O’Higgins) de Santiago; y diferentes escenas en París, donde la familia se trasladaba a vivir durante el invierno. Podemos ver El Café de la Paix, la Plaza de la Concordia, los Champs Elysée, la Ópera y Long Champs. La exaltación máxima del sueño de Francia en América lo vemos reflejado en estos curiosos paneles, pensamos.
Balaustradas de mármol rojo y negro que limitan la escalera principal, los muros están decorados por paneles del pintor chileno Miguel Cifuentes (que reemplazaron los originales de Clarin), y el cielo tiene atractivas molduras. Fotografía Archivo Patrimonial Brügmann, 2014.
La escalera principal del palacio ocupa un lugar preponderante dentro del hall, disponiendo hacia el norte un espacio bajo columnas jónicas que permiten disponer placas de mármol de llamativo diseño, dando paso a las gradas que conducen al segundo nivel rodeadas de paneles pintados por Le Fen, Clairin y Miguel Venegas. Fotografía Archivo Patrimonial Brügmann, 2014.
Dos grifos de mármol amarillo resguardan el descanso de la escalera principal, cubierta con placas de 20 tipos de mármol diferentes. Fotografía Archivo Patrimonial Brügmann, 2014.
Los paneles decorativos de Georges Clairin que retrataban a la familia Cousiño en Paris, y que fueron presumiblemente encargados cuando ya la casa se había finalizado. Desafortunadamente el incendio los destruyó completamente, siendo reemplazados por copias realizadas por el pintor chileno Miguel Venegas. Fotografía gentileza Museo palacio Cousiño.

Llegamos a la planta alta, que se organiza en torno a un corredor central que rodea el hall del palacio. Originalmente el nivel estaba compuesto por diez dormitorios, un escritorio, dos salitas y cinco baños; la familia dormía en la zona poniente, mientras que el oriente se destinó a las habitaciones de las institutrices y niñeras, la escalera de servicio y una sala de estudio. Uno de los espacios más interesantes era el dormitorio de Isidora Goyenechea, con piso de parquet estrellado y un plafond en el cielo pintado por Clairin; se componía del dormitorio, un boudoir, un vestidor y un baño de estilo morisco, revestido en mayólica, con muebles de fierro esmaltado con incrustaciones de nácar, llaves de bronce y una novedosa ducha circular. También el dormitorio de Luis Cousiño, que ocupó el Infante de Borbón en 1920, “de estilo Francisco I. Paredes tapizadas con felpa azul verde, cortinajes lacres, preciosa chimenea de mármol rosado con repujados de bronce. El cuarto toilette contiguo es de estilo turco, en azul y lacres, con dibujos dorados. Tiene además un escritorio y salón, ocupa el ángulo izquierdo de los altos, y da al frente y costado del parque”. El Mercurio, 27 de noviembre de 1920.
Dormitorio de Luis Cousiño. Gentileza Museo Palacio Cousiño.
El segundo piso fue totalmente destruido por un incendio el 12 de octubre de 1968, perdiéndose toda la estructura, el valioso mobiliario de los dormitorios, salones y salitas; junto con la famosa “Galería Boulle”, un conjunto de muebles tipo boulle –que incluía un raro piano- dispuesto en la galería, y que había sido adquirido a alto valor para decorar el palacio por el Alcalde José Santos Salas. Todo esto, se redujo a cenizas, detalles que ahondaremos más adelante.  
Recorriendo un poco el lugar, podemos ver que en cada acabado, en cada revestimiento y en cada rincón, los infinitos caudales de dinero de Isidora Goyenechea  no participaron en esta restauración, que debió conformarse con un limitado presupuesto que intentó dentro de sus posibilidades recomponer la feroz pérdida que significó ese fatídico incendio. El aspecto eso sí es elegante, sobrio y altamente meritorio si pensamos que Chile no se caracteriza precisamente por restaurar, y mucho menos intentar emular, los espacios interiores de sus edificios malogrados.
Uno de los dormitorios del segundo nivel, con una espectacular cama y mesa estilo Boulle. Todo esto se perdió en el incendio de 1968. Fotografía gentileza Museo Palacio Cousiño.
Imágenes del dormitorio de Isidora Goyenechea, con mobiliario estilo Segundo Imperio, una cama con baldaquín y pinturas de la escuela de Murillo. El cielo tenía un plafond del pintor Georges Clairin. Todo esto se perdión en el incendio de 1968. Fotografías gentileza Museo Palacio Cousiño.
Muebles y un raro piano estilo Boulle ubicados en el segundo nivel del palacio. Desaparecieron cuando las llamas destruyeron este piso en 1968. Fotografías gentileza Museo Palacio Cousiño.
Algo desanimados bajamos la escalera de mármol, aún nos quedan algunas salas por visitar. Volvemos al vestíbulo de acceso, para recorrer dos salones: el primero de ellos originalmente era un recibidor, conservándose sólo la chimenea, la seda de los muros y el parquet de artístico diseño. 
Detalle chimenea de mármol negro.
El segundo es una sala de mayores dimensiones, que presumiblemente fue pensada como escritorio, sin embargo, se utilizó como Comedor de Diario. Una chimenea de mármol negro con dos rostros femeninos sostienen un espejo estilo Imperio, los muros tienen enmaderados a media altura y tela. El cielo es de artesonado, y se conservan aun los cortinajes de terciopelo con el monograma familiar. Actualmente la sala se usa como taller de restauración, donde una profesional día a día intenta conservar las valiosas piezas decorativas del palacio.
A través de una puerta cruzamos a un corredor central con piso de mayólica, dividido por arcos de medio punto. En una de sus secciones, se dispuso la Sala de Armas que alberga la colección de catanas japonesas, sables franceses, pistolas españolas, armaduras del siglo XVI, sables chinos, hachas griegas y un arma araucana. El elemento de mayor interés es un ascensor individual construido en Chile y de funcionamiento hidráulico; es probablemente uno de los primeros de su tipo en América. Lamentablemente el incendio causó la pérdida de este aparato, cuando las llamas destruyeron las poleas y toda la estructura, conservándose sólo la cabina.
El segundo recibidor con su mobiliario original. Actualmente se conserva la chimenea, el parquet y algunos muebles. Fotografía c.1920, gentileza Museo Palacio Cousiño.
El Comedor de diario, con su mobiliario original. Actualmente la sala es utilizada como taller de restauración. Fotografía c.1920, gentileza Museo Palacio Cousiño.
Las esculturas de bronce con candelabros que se ubicaban en el ingreso del palacio, actualmente se resguardan en el taller de restauración. Fotografía Archivo Patrimonial Brügmann, 2014.
El artesonado de nogal del cielo del Comedor de Diario, y los cortinajes de terciopelo son originales. Fotografia Archivo Patrimonial Brügmann, 2014.
Galería central del palacio, que conduce a la Sala de Armas, Pinacoteca y sirve como pasillo de circulación entre las estancias más importantes. Fotografía Archivo Patrimonial Brügmann, 2014- El ascensor del palacio, con cabina para una sola persona. Fotografía gentileza Museo Palacio Cousiño.
Vista de la Sala de Armas, con armas de los siglos XVI, XVII y XVIII, además de objetos griegos y araucanos. Al fondo la pinacoteca. Fotografía panorámica 360 chilexplora.cl.

Hacia el norte visitamos un enorme salón con estanterías repletas de libros, muros entelados con seda roja y cielo decorado con un artesonado, iluminado por una claraboya central. Se trata de la antigua Biblioteca que fue utilizada conjuntamente como sala de billar y pinacoteca, cuando se dispusieron en sus muros los cinco óleos del pintor Raymond Monvoisin. Aún podemos apreciar “Alí Pachá y su favorita”, “Guerreros Ciegos”, “Eloísa”, “Carlota Corday” y “La última cena de los Girondinos”, ambos traídos de Francia y fechados en 1832. Se pueden ver también obras del italiano Carlo Pittara, el belga Xavier de Cook y óleos anónimos franceses del siglo XIX.  El mobiliario es de estilo victoriano, existe además un conjunto de muebles chinos en madera de cerezo que incluye un biombo con un águila de marfil; dos jarrones de la Dinastía Tsing, y una mesa de micromosaico regalada por el gobierno Italiano a Chile, con escenas de monumentos de Roma.
La biblioteca en la década de 1940, con el mobiliario original, los óleos de Monvoisin y una mesa de billar. Fotografía del estudio Harmann realizadas para el remate de la casa. Gentileza de John Chamberlain.
Fotografía panorámica de la Pinacoteca hacia el oriente, con los óleos de Monvoisin y el mobiliario de cerezo chino. Foto 360 chilexplora.cl
Fotografía panorámica de la Pinacoteca hacia el poniente, con los óleos de Monvoisin y el mobiliario de cerezo chino. Foto 360 chilexplora.cl
Tres de los óleos de Monvoisin en la pinacoteca del Palacio Cousiño. Fotografía Archivo Patrimonial Brügmann, 2014.

Damos una vuelta, y atravesamos nuevamente los salones para llegar a la última sala: el Jardín de Invierno, ubicado al oriente del palacio. Es una estructura de fierro con vidrios azul cobalto y transparentes, diseñada en estilo inglés, su pavimento de mayólica italiana se ve interrumpido por una rejilla de bronce, evidencia del sistema de calefacción central que mantenía temperada toda la casa. Del cielo vidriado pende una lámpara de fierro con tulipas de cristal, que originalmente se ubicaba en el Hall; existen además dos esculturas de mármol: “La Mignon” del italiano Calvi, y “Eva después del pecado”, del italiano Bernasconi. Tras los vidrios se puede observar el jardín de la casa, oculto por las ramas de un enorme gomero, que deja caer sus hojas sobre la escalera de arenisca y los jarrones, que permiten bajar hasta la terraza.

El Jardin de Invierno, con su pavimento de mayólica italiana, la rejilla de calefacción de bronce, la escultura La Mignon y la estructura metálica con vidrios azul cobalto y transparentes.
La escultura "Eva" del italiano Bernasconi, en el Jardín de Invierno y en el grabado realizado por el ilustrador Luis Fernando Rojas publicado en el diario El Correo de la Exposición, editado durante la Exposición Internacional de Chile en 1875.
La escultura "La Mignon" del italiano Calvi, en el Jardín de Invierno y en el grabado realizado por el ilustrador Luis Fernando Rojas publicado en el diario El Correo de la Exposición, editado durante la Exposición Internacional de Chile en 1875.
La cubierta de metal y vidrio, y la arquitectura del palacio visto desde el Jardín de Invierno. Fotografía Archivo Patrimonial Brügmann, 2014.
La estructura metálica y la puerta del Jardín de Invierno con sus vidrios azul cobalto y transparentes. Una jardinera metálica, y jarrones de arenisca complementan la salida secundaria al parque. Fotografía Archivo Patrimonial Brügmann, 2014.

Fue un recorrido asombroso, interesante y lleno de sorpresas. 
Pero no queremos irnos aun, sin antes conocer un poco más de la historia de ésta residencia:

“A fines de 1878 [Isidora] Goyenechea, en un impresionante sarao,  inauguró su nueva vivienda. Los ropajes de las linajudas damas y sus elegantes acompañantes, así como la riqueza interior del palacio recibían la luz de gas, centuplicada por los finísimos cristales de baccarat de las enormes lámparas. Tal fiesta era digna coronación de la obra arquitectónica que costó a doña Isidora Goyenechea la suma de dos millones de pesos de oro amonedado, cantidad fantástica incluso para esa época en que los santiaguinos vivían una fiebre de riqueza y poder…”. El Mercurio, 13 octubre 1968.
Su propietaria, Isidora Goyenechea, utilizó la propiedad intermitentemente durante sus estadías en Chile, prefería escapar a su parque de Lota, donde rodeada de los suyos llevaba una vida más tranquila y discreta. Aun así, no olvidaba las glorias de la naciente república, y como toda gran patriota, disponía banderas chilenas en todas las ventanas de su palacio, para conmemorar el 18 de septiembre de cada año.
Adriana y Loreto Cousiño junto a su madre Isidora Goyenechea.
Conocida era su afición por las artes aplicadas, y en sus viajes gustaba de comprar muebles, esculturas y objetos artísticos para decorar sus mansiones. En 1887 el Diario Oficial de Avisos de Madrid, da cuenta de este hecho, titulando una noticia como “El palacio más lujoso de América: muy visitada por la mejor sociedad de Santiago ha sido estos días la espléndida casa de la señora Goyenechea de Cousiño, aprovechándose tal vez, la residencia en Europa de esta señora, para conocer detenidamente el rico y casi increíble mobiliario que la decora. Aun los más acostumbrados a ver muebles de gran valor, los que han viajado a Europa y visitado regias y opulentas mansiones, salen del palacio de la señora Goyenechea verdaderamente aturdidos o mareados. No hay en esto exageración, ni espíritu de guasería lugareña; basta para formarse una idea de lo que será el mobiliario recientemente instalado, con dar a conocer la cifra de su importe, que pasa de dos millones de pesos…”. Los comentarios no eran para menos, famosas eran las anécdotas que contaban por ejemplo que los muebles del comedor habían sido hechos para el Zar Pedro I de Rusia, y que a través de un sobreprecio, vinieron a parar a esta casa del fin del mundo. Los muebles de estilo Luis Felipe del salón central habrían sido adquiridos en el remate del Palacio de Las Tullerías, así como también algunas lámparas y objetos decorativos. Wiener por su parte comentará en su libro que dentro de las galerías particulares chilenas, la que más llamó su atención fue la del palacio Cousiño, pudiendo apreciar obras del pintor clacisista francés Jean-Louis Ernest Meissonier, del catalán Marià Fortuny, del español Eduardo Zamacois y del francés Jules Worms. 
Comprando muebles en Paris para decorar su palacio de Lota, encontró la muerte Isidora Goyenechea en 1897. Sus restos fueron trasladados a Santiago, siendo recibida por cientos de mineros que le rindieron un merecido homenaje. En su testamento dispuso parte de su fortuna para construir una iglesia en Lota, escuelas y un asilo para mineros inhabilitados. También un hospital en Buen Retiro, que debía estar compuesto por una sala para mujeres, una sala para niños y una pequeña escuela.

Vista del exterior del palacio Cousiño desde la calle Dieciocho. Fotografía 1883, BNF.

El matrimonio Cousiño Goyenechea había tenido 7 hijos, y a la muerte de doña Isidora, el mayor de ellos,  Alfredo, ya había muerto. En 1900 el abogado Germán Riesco, quien se convertiría en Presidente de Chile al año siguiente, realizó la partición de los bienes, entre: Carlos, quien se encargó de las industrias mineras del carbón, fundó la primera industria de vidrios de Chile, dotó de agua potable a la ciudad de Lota y construyó una famosa cervecería, que dará origen a la CCU. 
Retrato de Arturo Cousiño y Olga Lyon. Colección particular.
Luis Alberto, quien se hará cargo de las minas de plata de Chañarcillo.
Luis Arturo, heredero del palacio de Santiago, sus caballerizas y la extensa Hacienda de Macul, que incluía la viña.  
Loreto, heredó propiedades y acciones de la compañía de Lota, años más tarde junto a su marido Ricardo Lyon, erigiría el barrio El Golf.
Adriana, fue una mujer excéntrica, era conocida como “la loca Cousiño”, y su fortuna se estimaba en más de 1000 millones de pesos de la época. Nunca se casó, y era famosa por sus extremadamente generosos aportes a la iglesia e instituciones de caridad, lo que mantenía algo preocupados a sus herederos, que muy pronto decidieron ponerla en interdicción.  Mujer alegre, despreocupada y algo olvidadiza, murió a los 80 años en su enorme quinta de la avenida Macul n14 en Ñuñoa. Puedes obtener más información AQUÍ
María de la Luz fue la menor de las hijas, y la preferida de su madre, quien sufrió una fuerte pena cuando en Paris se enteró de que entraría al convento de las Asuncionistas. Murió repentinamente en 1903, y su fortuna de alrededor de 40 millones de francos, acaparó las portadas de los diarios europeos por el acalorado pleito de la herencia. Por un lado sus hermanos en Chile reclamaban el derecho, pero la superiora del convento enfatizaba que ella había muerto como religiosa, y por ende sus millones debían caer en las arcas de las asuncionistas. Sin embargo, ella jamás había tomado los votos, vivía como en un retiro en el convento usando hábito, pero mantenía una vida social activa, y no faltaban quienes decían haberla visto caminando vestida a la moda como todas las jóvenes parisinas, llamando la atención por su atractiva belleza y peculiar distinción.
La batalla por la herencia se aceleró cuando se descubrió que María de Luz había revocado sus testamentos anteriores, y ante notario público dejaba sus bienes al señor Eugene Roland-Gosselin, un corredor de bolsa francés. Si bien al principio dijo no conocerla, los avances de la investigación demostraron que mantenían cierta cercanía, lo que hizo aún más extraño el caso. Al final, las influencias familiares en Europa hicieron callar los chismes, y tras un arreglo con ambas partes, la herencia volvió a manos de sus legítimos herederos en Chile.

Retrato de Olga Lyon, por Philip Alexius de László. Colección Particular.
En 1902 había muerto Luis Arturo Cousiño, padre de tres hijos (Violeta, Olga y Arturo), y esposo de la carismática María Olga Lyon Arrieta, quien vivió intermitentemente en la calle Dieciocho, pues pasaba temporadas enteras en Europa donde era común verla entre los asistentes a las corridas de toros, las fiestas de caridad, bailes y banquetes, de la alta burguesía y nobleza del viejo mundo. Fue retratada por el famoso pintor húngaro Philip Alexius de László, y era reconocida por su extravagante nivel de vida. “Hasta esta mañana ha sido nuestra huésped la señora María Lyon de Cousiño, dama chilena de gran figuración en la sociedad trasandina, y además poseedora de la fortuna más considerable de América del sur…es dueña de uno de los más ricos alhajeros que se conocen, entre las joyas que más llaman la atención figura un triple collar de perlas, que puede llamarse histórico, puesto que perteneció a la Emperatriz Eugenia. La magnífica joya está avaluada en dos millones de pesos”, publicará el periódico argentino El Diario, en su edición del 30 de marzo 1908.
En 1920 el Infante José María de Baviera y Borbón anunció su viaje a Chile como miembro de la comitiva española que viajaría a Punta Arenas para conmemorar el IV centenario del descubrimiento del Estrecho de Magallanes. Se ofreció de inmediato el palacio Cousiño para hospedar al príncipe, mientras que la mansión de Enrique Morandé, alojaría al Embajador Francos Rodríguez. “La calle del Dieciocho ofrecía un bello golpe de vista con todas las casas embanderadas y adornadas con guirnaldas y con los centenares de señoras y señoritas que ocupaban los balcones… El palacio Cousiño que lucía un derroche de alumbrado en su interior estuvo hasta bien entrada la noche, muy concurrido”. El Mercurio, 28 de noviembre de 1920.


El Infante Fernando María de Baviera y Borbón junto al presidente electo Arturo Alessandri Palma, en el acceso principal al palacio Cousiño. Fotografía en revista Zig Zag, diciembre 1920. 
Aspecto del hall del palacio Cousiño en 1920, publicada por el diario El Mercurio con motivo de la visita del Infante de Baviera y Borbón, a nuestro país, quien se hospedó en esta casa. 

El lujoso tren de vida de los Cousiño Lyon, muy pronto comenzó a mermar la cuantiosa fortuna. Era una época de transformaciones políticas y sociales, el carbón estaba de baja y la inestabilidad económica del país producto de la crisis del salitre, estaba golpeando fuertemente el poderío de las antiguas familias chilenas.  María Olga Lyon, dueña de una personalidad fuerte y determinada, decide entonces ponerse a la cabeza de las empresas heredadas de su marido, “le tocó rehacer la fortuna, que casi se había perdido por mala administración; al igual que Isidora [Goyenechea], quedó viuda muy joven y tomó el mando del negocio en los años de la gran crisis económica mundial, a fines del 29. Ella contrató como administrador a Thompson Matthews, y logró sortear la crisis, siendo la única de la rama familiar que lo consiguió”. Comentará su bisnieto Carlos Cousiño Valdés, en la revista Caras del 24 de abril de 2014.


Olga y Violeta Cousiño Lyon. Revista Zig Zag, 1907.
Retrato de Olga Cousiño Lyon (1893-1934). Se casó en Paris con Armand de Gontaut-Biron, Marqués de Saint Blancard; y luego con el príncipe albanés Nuredín Vlora. 

Años más tarde, heredaron el palacio Violeta y Arturo Cousiño Lyon, quienes comprendiendo el valor de cada pieza que componía la casa de sus antepasados, no quisieron realizar ninguna remodelación, a pesar de que los nuevos tiempos y la tecnología avanzaba a pasos agigantados en la década de 1930. “El palacio Cousiño es acaso la única mansión que se ha conservado intacta hasta el presente. No hace mucho recorriendo con su dueño sus numerosos departamentos, hablábame de las transformaciones que más de una vez le habían propuesto y él había rechazado de plano, pues la más mínima sería un pie para seguir en un cambio absoluto del edificio y quería conservarlo con su viejo carácter. Muy grato me fue escuchar esta declaración cuando por todos lados mirábamos devastar los más sugestivos ornatos de la ciudad”, comentará el cronista Eduardo Balmaceda en su libro Del presente y del pasado.

Nuevos propietarios, nuevos usos y una tragedia
En 1940 Arturo Cousiño decide poner en venta el palacio y sacar a remate todos sus muebles.  El en ese entonces Alcalde de Santiago, Rafael Pacheco Sty, se interesó de inmediato en el edificio, pero los trámites burocráticos demoraron más de la cuenta, y para cuando el remate pudo ser detenido,  ya se habían subastado dos de los dormitorios secundarios.
En dos millones de pesos fue adquirida la propiedad, “Entregamos la casa con todos los muebles y obras de arte que había en su interior, pues comprendimos que era un palacio de valor nacional y propiedad de todos los chilenos”, comentará Arturo Cousiño a El Mercurio en 1968, entrevista desde donde se desprende que la familia sólo se llevó los retratos de Isidora Goyenechea y Luis Cousiño pintados por Joseph-Désiré Court; unos pocos muebles, objetos y recuerdos familiares, una fina cristalería irlandesa, una alfombra y algunos cortinajes.
Retratos de Isidora Goyenechea Gallo y Luis Cousiño Squella, realizados en Paris por el célebre pintor Joseph-Désiré Court.

Acceso principal. Fotografía c.1940. Gentileza Museo Palacio Cousiño.
Desde 1941 el palacio Cousiño comenzó una nueva etapa, esta vez como Residencia de Visitas Ilustres, teniendo como primer huésped al Cardenal Argentino Santiago Luis Copello. En 1950 la casa recibió al Príncipe Bernardo de Holanda, quien tuvo un pequeño contratiempo cuando se disponía a tomar una ducha en el lujoso baño morisco; las cañerías, mohosas por los años, no funcionaron bien y el príncipe recibió una fuerte descarga de agua hirviendo, que lo hizo salir furioso por los pasillos, reclamando en un inentendible holandés. Esta situación instó a las autoridades a realizar la primera gran transformación: se cambiaron todas las instalaciones de agua y alcantarillado,  se dispusieron modernas piezas de loza y un termo eléctrico.
Otra anécdota se relaciona a la visita de Golda Meir, Ministra de Relaciones Exteriores de Israel. Días antes de su llegada, funcionarios de la Cancillería se percataron que el parquet del dormitorio presentaba unas pequeñas suásticas de estilo hindú como parte del trabajo de ebanistería, el que se apresuraron en ocultar disponiendo una alfombra en toda la habitación, y así evitar posibles malentendidos con ese símbolo relacionado al funesto régimen nazi.
En 1964 el Presidente francés Charles de Gaulle se hospedó en el palacio junto a su mujer Ivonne. La altura del mandatario, casi 2 metros, llamó la atención de la prensa que divulgó el rumor de la construcción de una cama especial hecha a medida para que el francés pudiera dormir en el palacio. Lo cierto es que se utilizó la cama de Isidora Goyenechea, que alcanzaba los 2,15 metros de largo. Otro episodio se vivió con la llegada de los reyes Balduino y Fabiola de Bélgica, quienes rompiendo el protocolo no quisieron dormir en habitaciones separadas, pero sí en camas aparte, debiéndose trasladar la enorme cama principal con baldaquín a otro lugar, y comprar apresuradamente dos camas antiguas para que los reyes se alojaran en el palacio.
Valiosos muebles tallados ubicados en el escritorio privado del segundo nivel del palacio Cousiño; a la derecha una de las sillas que pertenecían a la Sala de Armas, que junto al resto del nivel, se perdió en el incendio de 1968. Fotografía c. 1940. Gentileza Museo Palacio Cousiño. 
La Galería boulle, como era llamada la sala en el segundo nivel que albergaba la valiosa colección de muebles tipo boulle que habían sido adquiridos por el Alcalde José Santos Salas, para decorar el palacio Cousiño. Todo se perdió en el incendio de 1968. Fotografía en: Revista En Viaje, n276. Octubre de 1956.
El Rey Balduino y la Reina Fabiola de Bélgica, junto al Presidente Eduardo Frei en el palacio de La Moneda, durante su visita a Chile en 1965. Fotografía en http://www.comunicaciones.usm.cl/2014/12/09/homenaje-a-reina-fabiola-de-belgica/

El edificio estaba recibiendo pintura en la fachada, limpieza y un completo acondicionamiento para recibir a la Reina Isabel II, cuando el 12 de octubre de 1968 un incendio originado en el baño morisco se propagó por todo el segundo nivel, destruyendo a su paso toda la techumbre, el tercer piso, los dormitorios, salones y salitas, además de todos los objetos artísticos que reunían. El primer nivel resultó severamente dañado por agua y el vitral del hall se derrumbó junto con la enorme lámpara de cristal. “Pérdidas incalculables provocó un incendio que destruyó las dos terceras partes del Palacio Cousiño. El antiguo edificio y sus costosos amoblados y obras de arte estaban siendo acondicionados para recibir con brillo a la Reina Isabel de Inglaterra… resultó totalmente destruido el techo y el tercer piso; con grandes deterioros quedó el segundo, en tanto que la
Baño moro, donde se origió el incendio. Gentileza Palacio Cousiño.
planta baja sufrió daños por la acción del agua… los diversos salones y dependencias de la planta baja eran lugares donde parecía estar lloviendo como consecuencia del agua que caía desde los sectores superiores. Esto deterioró cortinajes, muebles, alfombras, tapices, piso y otros valores”. El Mercurio, 13 de octubre 1968Los bomberos, autoridades y vecinos del sector ayudaron a salvar los objetos, los enormes óleos de Monvoisin, cortinajes y muebles. Para salvaguardarlos fueron trasladados al Salón Filarmónico del Teatro Municipal. “Las pérdidas son incalculables, pues todo lo de este palacio son tesoros muy valiosos. Afortunadamente los más importante se han salvado”, comentó a El Mercurio, el en ese entonces Alcalde de Santiago, Manuel Fernández Díaz, en el parque del palacio, rodeado de alfombras, lámparas, muebles, jarrones y diversos objetos que amoblaban el edificio.

El incendio del palacio Cousiño desde la techumbre de los edificios aledaños. Se pueden ver los andamios que se habían dispuesto para los trabajos de pintura, parte de los preparativos para recibir a la Reina Isabel II de Inglateraa. Fotografía El Mercurio 13 de octubre de 1968.
La estructura de la lámpara central del hall, que se desplomó por las llamas cuando la estructura del vitral colapsó. Se ve junto a muebles y otras lámparas rescatadas del incendio. Fotografía El Mercurio 14 de cotubre de 1968.
Vecinos y bomberos colaboran en las labores de rescate de las obras de arte del palacio, en la imagen un grupo de personas traslada la pintura "La última cena de los Girondinos" de Raymond Monvoisin. Fotografía El Mercurio 13 de octubre de 1968.
Escombros y restos de uno de los dormitorios del segundo nivel del palacio, se observa una chimena de mármol que salvó de las llamas. Fotografía El Mercurio 14 de octubre de 1968.

El incendio trajo consigo otro inconveniente ¿Dónde hospedar a la Reina Isabel II?. Muchos fueron los lugares que se barajaron, entre ellos la casa de Arturo Cousiño en la Hacienda Macul. Finalmente se decidió por acondicionar velozmente la planta alta del Hotel Carrera –actual edificio de la Cancillería- donde la reina llegó el 10 de noviembre de ese mismo año. Con motivo del incendio del palacio Cousiño, envió un comunicado al Presidente Eduardo Frei, expresando su pesar: “Estoy desolada al saber el grave daño causado por un incendio en el palacio Cousiño. Sé muy bien cuan considerable esfuerzo se tomaba para modernizar sus instalaciones y ciertamente, yo esperaba con ahínco alojarme en él. Envío a usted, señor Presidente, mis sinceros sentimientos como también al Alcalde de Santiago. Elizabeth R.”. El Mercurio, 15 de octubre de 1968.
Corredor del 2do piso. Archivo Brügmann, 2014.
Inmediatamente los fondos de los seguros fueron destinados a las labores de limpieza, inventario de las piezas que se salvaron y la reconstrucción de la techumbre. Se decidió bajar la albañilería de ladrillo, y disponer losas sobre las dependencias, para así evitar la propagación del fuego ante un eventual nuevo incendio. La falta de fondos prolongaron el inicio de la restauración hasta 1977, obras que estuvieron a cargo del arquitecto Rodrigo Marquez de la Plata y el Director de Obras Municipales, el ingeniero Carlos Aliaga, utilizando como principal criterio el respeto por recomponer lo más fidedignamente posible las decoraciones interiores, molduras y el estilo Segundo Imperio que el arquitecto Paul Lathoud había impregnado a la construcción. Se varió levemente el tamaño de los dormitorios, se crearon departamentos independientes, se instaló una calefacción por losa radiante, construyó un área de servicio nueva, y se reconstruyeron todas las piezas de madera, desde puertas, ventanas y enmaderados de las habitaciones con pino oregon comprado en demoliciones. Las chapas de bronce fueron creadas basándose en las del primer piso, y el parquet se reemplazó por uno de eucaliptus, de igual diseño en todos los espacios. Los muros fueron cubiertos por papeles murales y brocatos. Uno de los mayores cambios fue la eliminación de las ventanas de la galería que daba al hall, creándose un corredor abierto que conecta los espacios del primer y segundo nivel sin interrupciones. La decoración interior y la selección de objetos estuvo a cargo de la profesora de Arte, Norma Jiménez, quien fue asistida por las guías y conservadoras del palacio, teniendo como misión encontrar las piezas en anticuarios, las que debían ser originales y ceñirse a la estética del inmueble.  Se debió también realizar una exhaustiva restauración de las piezas decorativas, que incluyó seis pinturas y sus marcos, lámparas, cortinajes y algunos muebles con daños en sus tapices.


Ventana de la caja de la escalera y columnas, desde un dormitorio en el ala sur del palacio Cousiño. Fotografía Archivo Patrimonial Brügmann, 2014.
Espejo y lámpara en uno de los dormitorios del segundo nivel, reconstruidos después del incendio de 1968. Fotografía Archivo Patrimonial Brügmann, 2014.
Lámpara y pintura en uno de los dormitorios reconstruidos después del incendio. Los muros fueron cubiertos con papel mural, el que será cambiado en esta restauración por telas checas. Fotografía Patrimonial Brügmann, 2014.
Uno de los dormitorios del segundo nivel. Archivo Patrimonial Brügmann, 2014.
Silla tallada con tapiz de gobelino en el corredor del segundo nivel del palacio, al fondo las balaustradas y arquitectura del espacio. Fotografía Archivo Patrimonial Brügmann, 2014.

En 1977 Patricio Mekis, Alcalde de Santiago, abrió el primer nivel del palacio a la comunidad como un “museo de época”, continuó conservando su carácter de residencia de visitas ilustres, y en 1980, el diario El Mercurio anuncia que el Palacio Cousiño alojaría al Presidente brasileño José Baptista de Figuereido y su mujer, quienes ocuparían los dormitorios principales, que contaban ahora con “modernas” instalaciones como teléfonos y máquinas télex, el antecesor del hoy olvidado Fax.
Un año más tarde el Palacio Cousiño y sus jardines, fueron declarados Monumento Histórico Nacional, junto con la iglesia de San Ignacio, otro icono del barrio Dieciocho. 
Desde ese momento el museo se convirtió en visita obligada para colegios y turistas chilenos y extranjeros, el más grande icono arquitectónico del siglo XIX santiaguino. Sus salones, especialmente el Hall, sirvió como escenario para conciertos de música de cámara, como locación para series y películas, y eventos sociales, como la Gala anual de la Orden de Malta el año 2009.
Aspecto del hall del palacio Cousiño durante la Gala Anual de la Orden de Malta el año 2009. Fotografía gentileza Eduardo Vidal Varas.
La fantástica arquitectura y lujosa ornamentación del palacio Cousiño sirve de escenario perfecto para las recepciones sociales, como ésta, realizada por la Orden de Malta el año 2009. Fotografía gentileza Eduardo Vidal Varas.
 
La Archiduquesa Alexandra de Habsburgo, Embajadora de la Orden de Malta en Chile, junto a su marido Héctor Riesle; durante el baile de la Orden en el palacio Cousiño el año 2009. Fotografía gentileza Eduardo Vidal Varas.  
 
 Eduardo Vidal Varas, Trinidad Etchegaray, Isabel Margarita Lecaros y Juan Luis de Beaumont, durante el baile de la Orden de Malta de 2009, en el palacio Cousiño. Fotografía gentileza Eduardo Vidal Varas. 

El terremoto de 2010 y una nueva restauración
El 27 de febrero de 2010 un terremoto de intensidad VIII en la escala de Mercalli sacudió la zona central de Chile, dañando severamente parte de la estructura exterior del palacio Cousiño, y derribando algunas cornisas. Desde ese momento, el museo se cerró al público y comenzó la lenta búsqueda para conseguir fondos destinados a la restauración de este histórico inmueble. El 2012 el Gobierno Regional aprobó $831.000.000 para restaurar el edificio, trabajos que contemplan entre otros, la reparación de grietas, cornisas y adornos de los muros. Pintura exterior, la transformación de la cava subterránea en una sala de exposiciones y auditorio, la restauración del invernadero que se llueve en invierno, donde se cambiarán los vidrios transparentes y repondrán los faltantes de vidrio color azul cobalto, técnica hoy perdida en Chile, y cuyas piezas deben ser fabricadas en el extranjero.
Frontón de la fachada sur del palacio, severamente dañado tras el terremoto de 2010. Fotografía Archivo Patrimonial Brügmann, 2015.
También se arreglará el techo vidriado de la pinacoteca, reponiéndose la estructura de iluminación original. Un grupo de restauradores estará a cargo de conservar y reparar las piezas de tapicería del Comedor, del Recibidor y el salón Dorado, además de los cortinajes. Se re tapizarán los muros de algunas habitaciones, que por años lucieron un discreto papel mural, pero que hoy volverán a exhibir telas que deberán ser importadas de Praga e Inglaterra. Por último, el proyecto pretende remozar los edificios anexos hoy ocupados por la Administración y los servicios, así como también la recuperación de las esculturas de fierro exteriores.
En términos administrativos, se mejorarán los cierres y rejas del palacio, se dispondrán cámaras de seguridad, mejorará el sistema de calefacción y pondrán purificadores de aire en las habitaciones para evitar que la polución siga dañando los delicados objetos. Actualmente se han iniciado los trabajos de restauración.

El Palacio Cousiño se inserta hoy dentro de un barrio en constante movimiento, que comenzó su mutación en la década de 1950 cuando las viejas casas comienzan a ser vendidas para transformarse en comercio e instituciones educacionales. La apertura de la Carretera Panamericana genera un quiebre en el barrio residencial de carácter aristocrático que se había formado en los alrededores de las Avenidas Ejército y la calle Dieciocho. Desde ese momento nada volverá a ser lo mismo, la oferta inmobiliaria comienza paulatinamente a demoler los palacetes y grandes casas, para dar paso a modernos edificios de departamentos. Durante la década de 1970, la transformación de la avenida Las Heras y la construcción del Instituto Geográfico Militar vuelve a distorsionar el paisaje urbano del sector, pero en 1983 el entorno ganará un interesante pulmón verde cuando  se crea oficialmente el Parque Almagro, que abre hacia el oriente una explanada de pasto y árboles circundantes, privilegiando la perspectiva hacia la Iglesia del Santísimo Sacramento, construida a semejanza del Sacre Coeur de Paris (más información AQUI). 
La Iglesia del Santísimo Sacramento, desde el Parque Almagro, se ha convertido en una de las postales más conocidas de Santiago. Hoy lamentablemente, la proliferación de edificios en altura ha ocultado el edificio y perdido su perspectiva. Fotografía Archivo Patrimonial Brügmann, 2007.
María Inés Pacheco de Montero en la antigua plaza tras el templo del Santísimo Sacramento, un sector por años ocupado por una plaza de abastos, que gracias a la demolición de edificios aledaños fue formando un corredor abierto que culminó en la creación del parque Almagro. Fotografía c.1945 Archivo Patrimonial Brügmann,

La llegada de universidades e institutos profesionales a la calle Dieciocho y sus alrededores, hará migrar a los viejos habitantes que ceden paso a una población flotante de estudiantes y profesores, en lo que se podría denominar hoy como uno de los primeros barrios universitarios de Santiago. La presión inmobiliaria ha ido mutando las perspectivas y la baja altura, pero el sector sigue manteniendo esa fisonomía tranquila y elegante, gracias a una activa política de protección de las fachadas, que tiene como principal motor cultural, la presencia del Palacio Cousiño, el edificio patrimonial más conocido e importante del sur de la Alameda.
La arquitectura exterior del inmueble con sus paños de fayenza, medallones y esculturas se ve armonizada por los cuidados jardines que aun se conservan. Fotografía Archivo Patrimonial Brügmann, 2015.
Leones de metal en la salida sur del palacio, junto a las escalinatas de areniscas y típicos maceteros de Lota. Fotografía Archivo Patrimonial Brügmann, 2015.

Finalizamos este reencuentro con la arquitectura y las artes decorativas en nuestro país. El palacio Cousiño tiene hoy 141 años de historia, y es una “desenfrenada orgía de dorados, mármoles, palissandre, tapices, opalinas, lágrimas, brocados, sévres, marqueterías, bronces, etc. Un suntuoso impacto; donde nuestros oscuros trajes desentonan entre tanta policromía y ascuas de oro…”, como comentó en 1956 el periodista German Kraushaar.
Fuimos privilegiados en poder presenciar sin apremios de tiempo la rica arquitectura interior del palacio, un pasaporte directo a la extravagancia del Segundo Imperio francés, trasladada a Chile por el arquitecto Paul Lathoud, quien nos legó sin saber, quizás el único vestigio fidedigno de esa época de las grandes fortunas mineras, donde un edificio no era sólo un lugar de vivienda, sino que era una alegoría a las artes y la belleza de vivir.
El palacio Cousiño es hoy un patrimonio invaluable que sin miramientos, debemos conocer, cuidar y conservar.





Agradecemos a Carmen Roba, Directora del Museo Palacio Cousiño, quien nos dirigió por el edificio, procurando envolver cada espacio con anécdotas y datos concretos, que enriquecieron este reportaje. También a Polet Ceballos, guía del palacio, a nuestro amigo John Chamberlain por sus generosas donaciones fotográficas, y especialmente a Miguel Saavedra, Director de Obras de la Municipalidad de Santiago, que generosamente hizo las gestiones para nuestro ingreso.


Autores
Mario Rojas Torrejón
Fernando Imas Brügmann
Brügmann, 2015 C

Registro Propiedad intelectual N°260.679


Bibliografía

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En viaje v., no. 276, oct. 1956.



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2 comentarios:

EL SINIENTRO dijo...

Gran trabajo, no esperaba menos, un abrazo y sigan así !

Anónimo dijo...

Excelente vuestro trabajo, felicitaciones y gracias!