miércoles, diciembre 8

LA TRAVESÍA A UNA DESCONOCIDA MANSIÓN DE SANTIAGO



SIEMPRE NOS LLAMÓ LA ATENCIÓN ESA GRACIOSA Y ARMÓNICA CONSTRUCCIÓN EN LA ALAMEDA, CON SU INTRÉPIDA TORRE Y ESOS ENIGMÁTICOS SALONES QUE DE VEZ EN CUANDO SE DEJABAN VER ENTRE REPUESTOS DE AUTO Y PIEZAS DE HOLAJATA.  

¿QUÉ MARAVILLAS OCULTA?, ¿SERÁ SÓLO UNA FACHADA BONITA? 
NOS PREGUNTÁBAMOS INCESANTES.

DESPUÉS DE RECORRER DÍAS EL CENTRO DE SANTIAGO Y CUANDO YA HABÍAMOS PERDIDO TODA ESPERANZA POR ENTRAR, UNA INVITACIÓN FORTUITA NOS LLEVÓ  A CONOCER UNO DE LOS MÁS ASOMBROSOS EDIFICIOS DEL SIGLO XIX, QUE MILAGROSAMENTE SE CONSERVA CASI INTACTO EN EL MÁS ABSOLUTO SILENCIO. 
 
ÉSTA ES LA CRÓNICA DE NUESTRO VIAJE AL EPICENTRO DEL MÍTICO PALACIO ELGUÍN... 




Hace un tiempo escribimos un extenso artículo sobre el Palacio Elguín, ese hermoso edificio de la Alameda, obra del arquitecto Teodoro Burchard y el decorador Alejandro Boulet, levantado en 1887. Hablamos de su fachada escenográfica y extravagante, su ingeniosa planimetría que oculta tres grandes casas. Comentamos el lujoso mobiliario que decoraba los pomposos salones, y cómo esta mansión palaciega sobrevivía a duras penas, convertida en comercio de repuestos de autos.
La escasa información que obtuvimos  nos hablaba de un maravilloso hall románico de triple altura, salones con artesonado, decoración neo barroca en pasillos y salones. Pero sin fotografías ni noticias concretas, nos comenzamos a preguntar si tales datos eran correctos, y como todos los seguidores de la arquitectura, llegamos a pensar que en realidad el Palacio Elguín era una más de las numerosas “fachadas” de yeso construidas a fines del siglo XIX, y que el sueño del minero, era tan sólo eso, un efímero conjunto de estuco.

Fachada original del palacio Elguín, en la Alameda esquina avenida Brasil. El edificio está compuesto por tres viviendas, siendo la principal la del centro coronada por una distintiva cúpula rematada por un orbe; las dos secundarias rematan el inmueble, y también tienen dos pequeñas cúpulas. Fotografía Archivo Brügmann, c.1890.

La suerte llegó un caluroso día de noviembre. El equipo de Brügmann y un arquitecto colaborador, tuvo el placer de introducirse en los recónditos interiores de la residencia de Nazario Elguín.
Patio del palacio Elguín. Archivo Brügmann, 2011.
El ingreso a esta casa ya no es por su portada de la Avenida Libertador Bernardo O’Higgins –la Alameda de las Delicias-, sino que por el antiguo portón de coches, en Avenida Brasil n°40. Con planos en mano, caminamos hacia lo que fue jardín, hoy lleno de autos estacionados. Al oriente se desarrolla la zona de servicio: una extensa construcción de ladrillo con ventanas de vitreaux, rejas de fierro forjado y enredaderas que trepan hasta las cornisas, en una intrigante composición casi medieval.
A lo lejos se divisa la gran cúpula; y los altos techos de la casa, que se acercan a nosotros más de 100 metros, hasta llegar a una amplia galería, con añosos árboles, decorada con un largo friso de grecas. Una esquina ha sido demolida, y en los muros se ven trozos de mayólica verde, vestigio de un antiguo baño. Este es hoy el ingreso oficial a la antigua residencia de Nazario Elguín... Entramos por una oscura sucesión de salas con techo abovedado, muros de molduras simples y objetos de toda índole, que dificultaban nuestro avance. Atravesamos un vano abierto de reciente data hasta llegar a un corredor con guirnaldas en los muros y piso de mármol. El plano nos muestra que ahí hubo una galería cubierta, que circundaba un patio interior, donde había al parecer un jardín de invierno, salitas menores, la cocina y el acceso a los servicios.  “Hemos llegado al palacio...”, pensamos. 

Ingreso de coches del palacio Elguín, en la avenida Brasil número 40, al fondo del paño que se extiende de sur a norte desde la Alameda. Fotografía de los autores, 2010.
Aspecto de la construcción que albergó el área de servicio, de ladrillo a la vista, con grandes ventanas protegidas por rejas de fierro y enredaderas. - Aspecto de la galería posterior del palacio Elguín, decorada con grecas y pilastras de madera. Fotografía de los autores, 2010.
Vista del patio del palacio Elguín desde el tercer nivel del edificio. Originalmente estaba rodeado de una galería que permitía iluminar las habitaciones contiguas, pero en la actualidad las ventanas se encuentran tapeadas, y la zona cerrada al edificio principal, pues sirve de casa independiente para el cuidador. - Aspecto del corredor que circundaba el patio del palacio, con muros decorados por yesería y pavimento de mármol. Fotografía de los autores, 2010.

Giramos precipitadamente hacia el oriente hasta una sala que no nos llamó mayormente la atención porque presentaba diversas modificaciones actuales; entre las baldosas pudimos ver una manilla que permitía levantar un piso falso. Bajamos las oscuras escaleras hasta toparnos con una gruesa puerta de fierro, nuestro asombro fue inmediato al percatarnos que estábamos frente a la Caja de Fondos del palacio, hoy vacía, pero que en su momento resguardó lingotes de oro macizo, acciones y valiosos documentos.
Comedor palacio Elguín. Arch. Brügmann, 2010.
Subimos la pequeña escalera para continuar nuestro recorrido hasta la habitación contigua, que recibe la ténue luz de una maravillosa claraboya circular con vidrios esmerilados y de colores, decorada con cuatro rostros que nos miraban fijamente. Al encender las luces nuestro asombro fue mayor al percatarnos que el cielo es un fantástico artesonado en tonos azules y dorados, sostenido por ménsulas y finas pilastras pintadas, en los mismos tonos que los enmaderados de raíz que cubren los muros.
El parquet es gris por la capa de polvo, y en una esquina aun están las puertas con vitrales de colores que originalmente se ubicaban en el muro norte, y recibían la luz del patio central que comentamos anteriormente.
La decoración de la sala se acerca al pretencioso Renacimiento francés, estilo utilizado comúnmente en el siglo diecinueve para decorar el Gran Comedor de los nuevos palacetes. Fue éste el sitio predilecto de  los grandes banquetes, y donde seguramente Elguín veía satisfecho todos sus esfuerzos,  entre la fina cristalería, la plata repujada, un viejo reloj dorado con la figura del titán Atlas y una asombrosa vitrina cuyos tallados representaban a la Reina Isabel I de Castilla entregando sus joyas a Cristóbal Colón; aun recordada por los anticuarios y el público que asistió al remate del palacio en 1980. 

Aspecto del Comedor del palacio Elguín, con los vanos tapeados donde originalmente se ubicaban las puertas que comunicaban con el patio. - Las puertas del Comedor, de madera y con vitrales de colores. Fotografía de los autores, 2010.
Vista general del artesonado del Comedor, compuesto por una serie de medallones policromados, ménsulas, canecillos y pilastras que bajan hasta la boiserie. Fotografía de los autores, 2010.
Vista general y detalle de la claraboya circular que ilumina el Comedor del palacio Elguín, decorada con cuatro rostros mitológicos, y una serie de vidrios de colores esmerilados. Fotografía de los autores, 2010.

Seguimos nuestro recorrido a través de un pasillo central con cielo abovedado que conecta el comedor con el Hall, en los muros existen dos puertas, una tapeada y otra abierta, a la que sin pensarlo entramos de inmediato: el parquet dibuja la imagen del sol naciente oriental con distintos tipos de madera, en los muros hay largas franjas con caligrafía china en sobrerelieve, papel mural original y el cielo está decorado por un impresionante plafond circular atiborrado de ornamentos chinescos.  Debe ser el famoso Salón Oriental, el mismo que en sus mejores años albergó una gran pagoda japonea de madera dorada, divanes con tapiz de seda, porcelanas y una credence china lacada, porcelanas de ídolos orientales, alfombras persas, cortinajes bordados, consolas incrustadas de nácar y una lámpara de bronce con las armas de Tokugawa, el último shogunato que gobernó todo Japón (1600-1868).

Vista general del plafond de estilo oriental, completamente pintado y con molduras en relieve. - Parquet del salón oriental con la forma del sol naciente, símbolo del imperio Japonés. Fotografías de los autores, 2010.
Detalles ornamentales del salón oriental: molduras con caligrafía china, muros pintados a mano y azulejos de corte japonés. Fotografía de los autores, 2010.

Al salir de la sala nuestros ojos ya se habían acostumbrados a la oscuridad, pero la ráfaga de luz natural proveniente del final del pasillo nos llenó de alegría y asombro.
Pasamos a una habitación de planta cuadrada donde la imponente figura de un hombre sentado en una roca, miraba fijamente al cielo con la mano levantada en eterna gloria. Bajo él se extendía  una escalinata imperial que bajaba en dos tramos con gruesos balaustres y pasamanos de mármol. A nuestro alrededor, dos portadas con arcos de medio punto rematadas por  frontones triangulares, decorados con una heráldica de yelmos medievales y ardillas. Altos ventanales y columnas se elevan más de cinco metros, para dar paso a una extensa cornisa, que sostenía arquerías con columnas jónicas policromadas. El cielo abovedado está pintado con motivos vegetales y es remata en  una enorme claraboya rectangular, sostenida por pequeñas ménsulas de figurativos rostros femeninos. 
Era éste el legendario Hall Central de triple altura, menos románico de lo que creíamos, pero mucho más barroco y extraordinario. Podía ser el patio de una villa italiana de la vieja Florencia o una galería de la Francia de Napoleón III, pero definitivamente lo que veíamos no era Chile.  
El silencio de la sala tampoco hacía pensar que a metros se encontraba la hoy bulliciosa Alameda. Por un momento nos transportamos a 1890, y sentimos el ruido del agua de la pila de fierro que estuvo al centro, nos sentamos en los bancos renacentistas de caoba, y recibimos la luz de las dos estatuas con faroles de fierro forjado que ornamentaban la monumental bajada de la escalera; mientras ese estático joven pétreo nos miraba, resguardando celoso los secretos del reducto más íntimo de la familia Elguín, testigo de pasos, miradas y decadentes transformaciones, hace ya 123 años.



 
Palacio Elguín- Salón Árabe
Al sur hay una serie de umbrales tapeados, que dejaban entrever la sucesión de salones hacia la Alameda. Al centro, por una gran puerta, se veían las famosas salas estilo Luis XVI y Luis XV. Los techos habían sido bajados, pero aun se podían apreciar las sinuosas molduras, estucos recargados en las paredes, medallones y un gran arco que los unía; visión  desoladora, sin pensamos que antes deslumbraban por su impecable mobiliario francés dorado de época.
Al fondo, el Salón Árabe, con su techo decorado con vivos colores, y sus muros cubiertos por parachoques, donde antes los grandes espejos reflejaban muebles con incrustaciones de nácar, lámparas árabes, bustos de mármol y figuras de fierro.

Palacio Elguin- Ingreso
Miramos ahora por otro umbral tapeado. Era el antiguo corredor de ingreso, que se proyecta interminable hacia la Alameda. En el cielo se ven dos bóvedas, y al centro un espacio vacío con una claraboya, cuya luz ilumina la figura de una mujer con peinetón y ramillete, que desde su domo observa al visitante desde lo alto; como cerrando las viejas mamparas de vidrios biselados que aun sobreviven entre estanterías, mesas, sillones y televisores en desuso.




Palacio Elguin- Hall 2do piso
La escalera del Hall sube en dos tramos hacia un entrepiso, los pavimentos son de mármol y gres cerámico. En el descanso central está la gran escultura, sobre una roca y un elaborado pedestal, que vio bajar tantas veces la delicada silueta de Albina Elguín, cubierta de brillantes para presidir alguna fabulosa velada.
El pasillo del entrepiso conduce a una escalera de madera, finamente tallada, que nos lleva al nivel superior. Desembocamos en la galería que forma la incesante arquería de columnas jónicas policromadas. El piso es de madera, y los muros tienen bajos paneles con diseño, y una franja pintada de grecas. La vista es maravillosa desde la altura, el salón cuadrado que alcanza más de 12 metros de altura; los frontones, la escalera, las arquerías, el techo con ese lucernario impresionante, que acompañado de dos pequeñas claraboyas ilumina el espacio tan cálidamente, que por un momento se nos olvida la decadencia y el abandono en que estamos inmersos.

Hacia el norte hay una gran habitación, con paneles de estuco, que conduce a una terraza techada, donde están las puertas y ventanas de la casa apiladas en la pared. Al centro se ve la claraboya del comedor, tragaluces y una escalera de servicio.
 Si seguimos hacia el sur por el pasillo del hall, llegamos a una alta puerta que conduce  a la zona residencial de la mansión. Seguramente en tiempos modernos esta parte fue subdividida, y rentada como una casa independiente. Los planos muestran una escalera que lleva directamente a este piso, en el lugar donde antiguamente estaba la entrada de servicio. Esta transformación se evidencia en los numerosos agregados que hay, tabiquería liviana, muros tapeados y divisiones en los dormitorios. Inmediata al portal del acceso, hay una escalera que conduce al tercer nivel, y una sala de recibo, iluminada por un gran ventanal. Junto a ella hay dos pequeñas salitas, y un espacio vacío con los restos de un montacargas.
Palacio Elguin- Segundo piso
Caminamos por el pasillo central, decorado con cuatro medallones con rostros de ángeles, símbolo de la humanidad por sobre la divinidad. Dos puertas conducen a dormitorios, de muros lisos y piso de madera. Al fondo hay una gran puerta que lleva a dos habitaciones con paneles de estuco, que dan al balcón central de la Alameda.
Están unidas por una puerta y tienen acceso privado a un baño y otra estancia adyacente. Son seguramente las habitaciones personales de Nazario Elguín y su mujer Carmen Rodríguez.
Por un pequeño agujero en la puerta nos arrastramos y salimos al balcón, hoy cubierto por una malla blanca puesta después del terremoto. Qué sensación más gratificante, estamos parados en baldosas pintadas, en el mismo lugar donde quizás hace más de 100 años, el señor Elguín miraba todas las mañanas desde su palacio, el lento andar de la elegante avenida.

Palacio Elguin- Tercer piso
Continuamos hacia el tercer nivel, la escalera desemboca en un corredor, con un gran ventanal de par en par, hoy sin vidrios por donde entran las palomas. Acá el abandono  y la desolación es evidente, los pisos, los cielos, los muros están cubiertos de basura, excremento de ratones y aves. Hay habitaciones pequeñas, al menos cuatro. Al fondo contemplamos el gran ventanal con el rosetón, entre tabiquerías y vanos, de una subdivisión de la habitación. A ambos lados hay piezas largas, una con restos de cañerías, de lo que fue seguramente un baño. 

Palacio Elguín- Cúpula
Hacia el poniente está la escalera de la cúpula, endeble y destruida, pero nuestro entusiasmo nos alienta a seguir a pesar del peligro de derrumbe.
La escalera llega al techo, no hay barandas ni un camino, cruzamos por las planchas de metal, cuidadosos de no caer, para entrar a la base cuadrada de la cúpula: un gigantesco armazón de madera, desde donde se puede ver todo Santiago, hoy tan oculto por esas moles de cemento y vidrio, que algunos llaman hogar.
Cuándo íbamos a pensar que estaríamos en la cima del mundo, tal como debe haberse sentido el viejo minero cansado, mirando Santiago desde lo alto de su cúpula, desde donde un asta de madera se eleva a más de 30 metros, rematado por un orbe y un monograma: Nazario Elguín, en lo que fuera la residencia más alta de la capital en el siglo XIX.

Palacio Elguín- Hall
Despidiéndonos, bajamos extasiados, por esos corredores decadentes y magníficos,.  Volvemos a ese vestíbulo, sacado de una escenografía trasplantada de la vieja Europa, y admiramos por última vez quizás, la magnificencia de ese pequeño rincón en el centro de Santiago, huella de dos artistas extraordinarios, que dejaron su marca de extravagancia y lujo decorativo, en lo que fue el capricho de un notable personaje de nuestra historia, que habitó por algunos años uno de los más espléndidos palacios del Chile Republicano…

Brügmann Restauración y Conservación- Palacio Elguín


Mario Rojas Torrejón
Fernando Imas Brügmann


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En actualización!

Quieres conocer el estado actual del inmueble? Proximamente un nuevo reportaje 

10 comentarios:

Anónimo dijo...

Chicos, gracias por demostrarnos y enseñarnos las maravillas arquitectonicas de nuestra ciudad. Los santiaguinos no sabemos todo lo que tenemos escondido en la ciudad. Gracias
Mario Rivera

Anónimo dijo...

en verdad me siento impresionado, sin haber siquiera entrado a este edificio ya me siento anonadado. me dieron ganas de entrar a sacar fotos para tener mi propio album de esta maravilla del siglo XIX


muchas felicidades!

Maximiliano Ayala

guerradelpacifico dijo...

Estupendo paseo por la historia patrimonial de una encantadora propiedad que esta oculta a la ciudadania.
Un pregunta, ¿De quien es la casa, se declaro patrimonio historico?

La verdad da pena que se desperdicie esta gran propiedad que puede ser un museo un centro cultural o todo junto.....

Anónimo dijo...

Que maravillas se encuentran escondidos en esta cuidad.Gracias,quizas algun dia valoremos mas nuestros tesoros!un abrazo
Eileen

Veronica dijo...

Que iteresante publicación, los felicito, que pena que tengamos tanta historia y patrimonio en pésimas condiciones, no sabemos valorar lo que tenemos. Están haciendo un trabajo maravilloso.
Gracias por hacerme partícipe.
Verónica Altmann

Gestarte dijo...

Excelente reportaje... y que envidia haber podido entrar. Quién es el dueño de la casa? Porque se podría organizar un recorrido patrimonial por el sector...
Saludos...

Mario Rojas Torrejón dijo...

Hola, muchas gracias por su apoyo y sus comentarios. La verdad es que la casa es insólita, una pena en lo que está convertida, un verdadero palacio del siglo XIX, como dice Max.
No sabemos el nombre de los dueños, pero averiguaremos. Y no, no es monumento nacional, sólo está protegida por ser parte de la extensión de una zona típica, que le da cierto resguardo. Aunque en CHile, eso no significa nada parece.
Saludos

Mariette Almarza dijo...

Que lindo trabajo ha hecho!! Muchas veces que he pasado por la alameda con Brasil me preguntaba que había detrás de esa fachada. Gracias por permitirnos conocer esta obra, que aunque en ruinas no deja de sorprender. Espero que esto llame la atención de quienes deben rescatar nuestro patrimonio arquitectónico, y como dijo alguien...lograr que se transforme en un centro cultural para Santiago.

miró dijo...

felicitaciones buen trabajo bonito proyecto

Paulo Arce dijo...

Hola:
Una pequena contribucion para gestionar un futuro y decente uso de esta invaluable propiedad
Saludos

Datos Generales
Comuna SANTIAGO OESTE ROL 00430-00001
Dirección o Nombre de la Propiedad
ALAMEDA LIB. B. OHIGGINS 2073
Nombre del Propietario
COLLINS S A
RUT 92.994.000-8
Ubicación URBANA Destino COMERCIO Serie NO AGRICOLA
Avalúo Total Actualizado al 10/07/2011
$206.275.093